Comentario Cine: “Apocalypto”.

Publicado en el número de Marzo 2007 de Caleidoscopio, revista del Centro de Estudiantes de Comunicaciones de la UC:
El nombre de esta película engaña. No estamos ante una metáfora del Apocalipsis, ligada al análisis profundo de lo que pudo significar el fin de la civilización Maya. Sino que frente a más de dos horas de cantidades descomunales de violencia y acción, la especialidad de Mel Gibson, cuando de dirigir se trata.
Litros y más litros de sangre van tiñendo esta suerte de Duro de Matar, pero con mayas, sacrificios humanos, taparrabos y perforaciones corporales… muchas perforaciones corporales. No es recomendable para los fans de Barney y Los Cariñositos, pero si piensas que puede ser cool ver a un tipo comiéndose los testículos crudos de un tapir, esta es tu película.

Comentario Cine: “Babel”.

Hace un par de años un periodista experto en tele me mostró el vídeo sin sonido de uno de los aviones estrellándose contra Las Torres Gemelas y luego me preguntó qué pensaba al respecto. Además de las reflexiones lógicas sobre el fundamentalismo, lo triste del asunto, las víctimas inocentes, en fin sobre todo lo que ya se ha dicho más de una vez, tal como este periodista esperaba, me acordé de la frase cliché: Una imagen vale más que mil palabras.
Aunque no estoy de acuerdo con que esa sea una verdad absoluta, sí creo que se aplica perfectamente a muchos casos. En especial cuando se trata del cine y la tele. Hay historias que jamás podrían ser contadas de mejor manera que a través de las imágenes en movimiento.
Con esta idea en la cabeza, creo que Babel tiene un familiar más directo que sus películas hermanas Amores Perros y 21 Gramos, de la trilogía sobre la muerte de Alejandro González Iñárritu. El padre de Babel es el corto que González Iñárritu realizó para representar a México en 11’ 09’’ 01 – September 11, la recopilación de cortos creados por directores de diversas partes del mundo, que tienen como tema la tragedia del Wall Trade Center. La primera vez que vi ese corto rallé. Me impactó la forma en que midiendo el uso de uno de los videos más vistos en el planeta, podía volver a shockear como la primera vez, delegando el peso del corto en el poder de la imagen.
En Babel esta idea es palpable. El potencial de las imágenes es exprimido al punto en que la película se puede entender sin sonidos ni subtítulos. Lo que no significa que los excelentes diálogos y música, a cargo de Guillermo Arriaga y Gustavo Santaolalla respectivamente, sean prescindibles, sino que son complementos que ayudan a reforzar lo que las imágenes dicen por sí solas. Es paradójico que una película que habla de la incomunicación, sea capaz de comunicar con ese lenguaje universal.
Puede que esta no sea la cinta de González Iñárritu con las historias más atractivas o con la estructura narrativa más interesante, pero su mérito está en decir mucho sobre la situación actual del mundo a través de historias mínimas, que invitan más a la reflexión que a la emoción. Aunque igual nos encontraremos con más de una escena que nos pare los pelos, como la última toma de la cinta que está de lujo.
De lujo, están también las actuaciones, considerando que un amplio número de quienes participaron en la película no son actores profesionales, lo que le aporta a la cinta una crudeza muy en la onda del neorrealismo italiano. De los protagónicos, lograr que Brad Pitt no parezca Brad Pitt merece aplauso y demás está decir que Adriana Barraza, la nana mexicana, y Reiko Kikushi, la japonesa sordo-muda, son un tremendo hallazgo.
Según González Iñárritu, cada cierto tiempo se hace una gran película que marca la historia del cine y él espera ser el encargado de dirigir la próxima, con Babel confirma que puede darse el gusto de soñar con eso.

Comentario Cine: “Crash”.

Esperando el choque.

Existe algo contra lo que no podemos luchar, por más que lo intentemos no somos más que fragmentos de una historia que como sea debe completarse. Somos los juguetes del destino.
Así funciona el mundo en Crash, vidas unidas por el infinito en choques fortuitos. Caracteres opuestos, cargados de prejuicios, de racismo, que se ven obligados a comulgar en función de un fin último que está por sobre ellos.
Paul Haggis, el guionista y director, logra llegar a la esencia de lo que somos como especie humana, a partir de una perspectiva amplia cargada de un preciso ojo sociológico que lentamente va estrechándose para mostrarnos a personas comunes y corrientes, simplemente eso, personas sin disfraces ni poses, llevadas a situaciones extremas que no permiten más que los sentimientos básicos que todos transportamos.
Crash, puede definirse como una “película magnolia”, en homenaje a la obra maestra de Paul Thomas Anderson. Una historia coral, con pétalos que se tambalean, caen y renacen fortalecidos, alrededor de un denominador común, en este caso: la falta de comunicación, elemento incitador de los prejuicios que hacen actuar a los personajes.
Estamos ante un película que sorprende, que desgarra, que nos hace cuestionarnos hasta que punto existe el libre albedrío y cómo podemos corregir nuestras acciones. Pocas veces una cinta es capaz de conseguir la catarsis en los espectadores de la manera en que Crash lo hace, por momentos las lágrimas se hacen inevitables y nos olvidamos de que estamos frente a actuaciones, de verdad lamentamos lo que ocurre en las vidas de esas personas y esperamos que mejoren, porque no son más que un reflejo fidedigno del mundo real.
Crash es una película incontable e imposible de resumir, son tantas las sutilezas, que no sería más que un acto de soberbia siquiera intentar hacerlo. Sólo me atrevo a decir que es un filme iluminador, necesario, genialmente realizado y que más allá del premio Oscar como Mejor Película, de todas maneras será reconocida para siempre por lo espectadores, ya que sin falsos discursos pacifistas, utilizando como arma la realidad, nos invita a regenerarnos. A no esperar un choque para darnos cuenta de que vivimos rodeados de miles de personas, cada una con una historia que contar, tal como reza una canción de los White Stripes.
Siempre habrá que completar el trozo de la cadena que el destino espera de nosotros, pero la idea es hacerlo sin que nos presione. No podemos predecir casi nada de lo que nos ocurrirá, sin embargo al menos somos capaces de cambiar el cómo, eso es lo que está en nuestras en manos y es el mensaje último de la cinta. Existen películas que nos gustan, porque cuentan buenas historias y otras como Crash, porque son la vida misma.

Comentario Cine: “The Devil and Daniel Johnston”.

En el contexto de la versión 2006 del Festival In-Edit, publique este artículo en Super 45 el 18/12/06 :

El sábado se exhibió en In-Edit, la muestra de documentales de música, The Devil and Daniel Johnston, de Jeff Feuerzeig. Si no fuiste a verla, debes conseguirla ya.
En esta película estamos ante la historia de un creador – Daniel Johnston –, en constante pugna con sus demonios personales, que lo atormentan y condicionan su existencia. Johnston es retratado como un genio, excelente dibujante, creativo director de cortometrajes en super 8 y compositor de excepción. Aún así es un tipo inadaptado, las cosas en su cabeza no cuajan del todo y a medida que se va convirtiendo en adulto comienza a hacerse cada vez más manifiesto su síndrome maniaco-depresivo, que lo llevará a perder la conciencia sobre la línea que divide fantasía y realidad.
Pese a sus tormentos y a los precarios métodos de difusión que tiene su obra, comienza a generar un culto de seguidores, que lo sacará del anonimato, en gran medida gracias a una polera con su nombre que usó Kurt Cobain durante un periodo, cuando el líder de Nirvana, era “el” referente de los noventa.
Parte importante de la historia está contada por el propio Johnston, que suele grabar su vida en cassettes, y por su entorno más cercano – padres, familia, ex novia-, por lo que el relato que podría prestarse para un dramón de proporciones sobre lo que significa vivir con una enfermedad mental, es más bien una narración sincera y conmovedora, con un tono liviano e incluso humorístico que saca más de una carcajada. Este equilibrio entre historia profunda y narración liviana, es quizás uno de lo mayores méritos del documental, porque le permite al director la libertad de emocionar y sorprender en momentos precisos.
Se van a encontrar con un material de archivo de primera – ojo con los cortos de Johnston – y con más de algún detalle freak que les sacará una sonrisa (no dejen de ver los créditos finales). Definitivamente es un trabajo que prueba una vez más que documental no es sinónimo de fome, y que las pequeñas historias con grandes personajes se ajustan perfecto a este formato, como esta, la historia de un tipo que al igual que Gasparin, uno de sus personajes favoritos, sólo quería ser muy popular y sonreír, pero el demonio estaba acechándolo.