Comentario Cine: “The Devil and Daniel Johnston”.

En el contexto de la versión 2006 del Festival In-Edit, publique este artículo en Super 45 el 18/12/06 :

El sábado se exhibió en In-Edit, la muestra de documentales de música, The Devil and Daniel Johnston, de Jeff Feuerzeig. Si no fuiste a verla, debes conseguirla ya.
En esta película estamos ante la historia de un creador – Daniel Johnston –, en constante pugna con sus demonios personales, que lo atormentan y condicionan su existencia. Johnston es retratado como un genio, excelente dibujante, creativo director de cortometrajes en super 8 y compositor de excepción. Aún así es un tipo inadaptado, las cosas en su cabeza no cuajan del todo y a medida que se va convirtiendo en adulto comienza a hacerse cada vez más manifiesto su síndrome maniaco-depresivo, que lo llevará a perder la conciencia sobre la línea que divide fantasía y realidad.
Pese a sus tormentos y a los precarios métodos de difusión que tiene su obra, comienza a generar un culto de seguidores, que lo sacará del anonimato, en gran medida gracias a una polera con su nombre que usó Kurt Cobain durante un periodo, cuando el líder de Nirvana, era “el” referente de los noventa.
Parte importante de la historia está contada por el propio Johnston, que suele grabar su vida en cassettes, y por su entorno más cercano – padres, familia, ex novia-, por lo que el relato que podría prestarse para un dramón de proporciones sobre lo que significa vivir con una enfermedad mental, es más bien una narración sincera y conmovedora, con un tono liviano e incluso humorístico que saca más de una carcajada. Este equilibrio entre historia profunda y narración liviana, es quizás uno de lo mayores méritos del documental, porque le permite al director la libertad de emocionar y sorprender en momentos precisos.
Se van a encontrar con un material de archivo de primera – ojo con los cortos de Johnston – y con más de algún detalle freak que les sacará una sonrisa (no dejen de ver los créditos finales). Definitivamente es un trabajo que prueba una vez más que documental no es sinónimo de fome, y que las pequeñas historias con grandes personajes se ajustan perfecto a este formato, como esta, la historia de un tipo que al igual que Gasparin, uno de sus personajes favoritos, sólo quería ser muy popular y sonreír, pero el demonio estaba acechándolo.

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