While my keyboard gently weeps

A replication of Rolling Stone Magazine boss Jann Wenner’s San Francisco office at the Rock and Roll Hall of Fame in Cleveland, Ohio.

The exhibition on the 50 years of Rolling Stone Magazine at the Rock and Roll Hall of Fame is a sign of how journalism can build identity and a strong relationship with its readers as music stars do with their audience.

Text and photos by Enrique Núñez Mussa, Chile.

(Originally published on Global Spotlight Vol. 10, Issue III, 2017

The sun trespasses the buildings of San Francisco and pours through the window. The hands hitting the keys receive the warmth of the sun’s rays. It is a regular day at the office, but a regular day in this office is like a party anywhere else or at least that is what they wants us to believe.

This office will become a museum exhibition 50 years later, but Jann, the man with messy hair, jeans, and boots who is writing inside those rays, doesn’t know it yet. He might intuit it, he is aspiring big. The letter he is writing is directed to Mick Jagger, he has already received one from the frontman of the Rolling Stones that reads: “Dear Jann: In return for my consent to allow you to register the name Rolling Stone what do you offer as far as cover stories, special small ad rates and summer clothes coverage”.

Selfie at the exhibition.

Jann Wenner founded the magazine in 1967 and was defined by him as: “Rolling Stone is not just about music, but also about the things and attitudes that the music embraces. We’ve been working quite hard on it and we hope you can dig it. To describe it any further would be difficult without sounding like bullshit, and bullshit is like gathering moss”. That definition and the epistolary interactions with the voice behind “Paint it Black” and “Satisfaction” are part of the exhibition on the 50 years of Rolling Stone Magazine at the Rock and Roll Hall of Fame.

The exhibit that recreates the first office also shows documents as the handwritten messages from Gonzo pioneer and journalist Hunter S. Thompson, a collection of the most memorable magazine covers, pictures from the first days, pieces of edited articles, the notes on the interview Wenner did with president Barack Obama and objects such as the recorder used by the now-film director Cameron Crowe, who presented the golden age of the magazine in his movie Almost Famous.

Cameron’s Crowe recorder exhibited at the Rock and Roll Hall of Fame.

The magazine was able to turn a typing machine into a rock and roll object as an electric guitar. It made journalism something as cool as The Beatles, The Sex Pistols and Jimi Hendrix, broadening narrative structures. Writers and photographers were able to develop their own voices, trying different registers. They could attempt diverse repertories and styles, bringing quality from an outsider’s perspective as the political photos of Annie Leibowitz.

After going through the halls of the Rock and Roll Hall of Fame looking at the different ages of popular music, I think at one level the reason to make worthy to exhibit a t-shirt or an old record is from the more visceral perspective of the emotions raised from that song, the same way as an article that surprises you.

There is also a response to their current societies through an embrace or a rebellious response to previous generations, Rolling Stone Magazine did break with traditional journalism and several times honored the best in good literature. That creates a point of view and a style that goes beyond an individual artist or band, it defines an age, as a collection of individual articles mixed with photography and design. It ended up defining a brand and an attitude toward society, creating an identity readers could relate to engage with the world.

Jann Wenner’s notes on his interview to Barack Obama.

The final scene of the movie The Power of Rock, directed by Jonathan Demme and presented in the Hall museum, ends with Tom Petty, Steve Winwood, Jeff Lynne, and Prince playing “While my guitar gently weeps”, written by George Harrison, is heart-beating and breaking when Prince plays a solo in which he moves his fingers as fast over the strings as you could imagine the fingers of Jann Wenner over the typewriter. The composer from Minneapolis closes his eyes and lets the chords flow as the music cries without lyric, it weeps, it is real and relevant and emotional, and it becomes history, as a letter to Mick Jagger that would help define the future of journalism.

Fact Checking UC: primer semestre gobierno de Piñera y cuenta pública 2018

Para el ejercicio del primer semestre de 2018 lanzamos un sitio propio http://www.factchecking.cl, que fue distribuido por T13.cl

Llevamos a cabo dos verificaciones, una al primer semestre del gobierno de Piñera y su equipo político: leer acá.

La segunda a la cuenta pública presidencial: leer acá.

Entrevista para T13, en la que explico el ejercicio en este link.

Por qué Una mujer fantástica puede ganar el Oscar y cómo dialoga con La forma del agua que va a mejor película

Publicado en Medium el 03/03/2018.

Por Enrique Núñez Mussa

Para escribir este comentario, vi antes todas las películas que compiten con la película chilena a las que pude acceder, sólo me faltó la libanesa El insulto, que busqué en todos lados y no alcancé a encontrar, por eso no la incluyo.

Acá separo mis gustos de las posibilidades de la película, aunque por supuesto quiero que gane, sobre todo por el impulso para la industria cinematográfica chilena y la visibilidad para el país, no es mi favorita como película, la rusa Loveless me parece una película mejor, pero no por eso con más posibilidades y méritos para ganar en el contexto de los Oscar.

Primer elemento, es que para esta edición no hay una favorita segura entre las nominadas a Mejor película extranjera, cuando NO llegó a estar entre las finalistas, le tocó “competir” con la lata que es Amour de Michael Haneke, un trámite en realidad para darle el Oscar a la cinta austriaca, que ni por lejos se acercaba a la anterior ganadora de Haneke, La cinta blanca, que servía para entender la animosidad que facilitó el germen del nazismo en Alemania antes de las guerras mundiales, e inferior a la épica y agilidad narrativa de NO. Un mal año.

La cinta que para este año ha hecho la campaña festivalera más sólida y con amplia distribución internacional es la sueca The Square, apoyada además por la inclusión en el elenco de la actriz estadounidense Elisabeth Moss que está muy bien evaluada tras protagonizar la serie The handmaid’s tale, pero como película es un conjunto de sketchs pegoteados que intentan hilvanar una narración menor, cuyo objetivo es que el director pueda burlarse del mundo del arte contemporáneo, que él conoce bien, al ser también un artista visual.

Queda así como una película de escasa importancia, con anécdotas logradas como la escena del hombre-mono que ha servido como imagen promocional, pero que, por ejemplo, no tiene relevancia en el avance de la trama. Además, sería raro que la Academia apueste por una película que ridiculiza a través de una imitación, al artista visual y director Julian Schnabel, a cargo de La Escafandra y la mariposa que en 2008 tuvo cuatro nominaciones.

La rusa Loveless viene de la mano del director de la anteriormente nominada Leviathan, Andrey Zvyagintsev, y es una mirada cruda y dolorosa a la paternidad y el afecto en la Rusia actual, luego de que desaparece el hijo de doce años de una pareja que se está divorciando. La película es sutil, insinúa más que muestra y termina siendo una reflexión descarnada sobre el egoísmo en el desarrollo de las relaciones humanas, pero en la lectura latente, puede quedar solo como un comentario sobre un momento de la sociedad Rusa, al ver más allá, el tema se revela como universal y la película queda rondando como un fantasma después de terminada. Donde puede perder frente a Una mujer fantástica, es que la película chilena es un espectáculo audiovisual mayor, Loveless es muy tradicional casi clásica, y no hay una mirada original ni novedosa a un tema que ya ha sido tratado por el cine estadounidense, sin ir más lejos Gone baby gone. Sólo, está muy bien logrado dentro de lo que ya se ha visto.

On body and soul (está en Netflix), la película húngara, responde a una sensibilidad similar que Una mujer fantástica y que La forma del agua (que suena como favorita a mejor película junto a Tres anuncios para un crímen), pero desde una mirada mucho más luminosa y esperanzadora que las otras dos. La directora presenta un conmovedor relato femenino sobre cómo se construye la relación entre una mujer que está dentro del espectro autista, que debe aprender a reconocer los sentimientos y sensaciones asociadas al amor y educarlos, con un hombre solitario. La conexión entre ellos, se produce con un elemento de realismo mágico que recuerda a un cuento de Cortázar. Tratando un tema parecido que tiene que ver con las relaciones tabú, en lo que Una mujer fantástica parece una novela, esta película es un cuentito amable.

Que haya tres películas con un leitmotiv parecido, creo que es muy favorable para Una mujer fantástica, porque significa que está en la línea de lo que le interesa a la Academia este año, que políticamente va en la línea anti-discriminatoria. Corre, además con la ventaja de que es la más original entre las tres que menciono, tanto La forma del agua como Body and soul tratan sobre la formación de una relación difícil, Una mujer fantástica es sobre cómo se vive el duelo, y es la menos idílica de las tres.

La película chilena tiene la palabra “fantástica” en su título, en su doble connotación, en las cualidades del personaje, con un dejo irónico por la condena social, pero también por el declive onírico que tiene la protagonista que se refleja en escenas que muestran esa capacidad de fantasear. En ese sentido, dialoga con La forma del agua, como si se tratara de la misma película, pero contada desde la perspectiva del otro personaje de la pareja, con la diferencia de que lo que es alegoría en la película de Del Toro, es la realidad más cruda y palpable en la de Lelio, es inolvidable la escena en que el personaje de Marcial Tagle le grita: “Monstruo” al de Daniela Vega, ahí no hacen falta efectos especiales ni escamas, para mostrar la capacidad que tiene el ser humano para discriminar lo que se aleja de los parámetros construidos culturalmente. Así, Una mujer fantástica, logra ser más directa y valiente al entregar el mismo mensaje que la favorita a mejor película, sin desmerecer además una realización pulcra y creativa, con actuaciones notables.

La otra gran diferencia es que la relación en la película de Del Toro, se construye desde la soledad e incomprensión compartida y tal como en Body and Soul, se produce un proceso de domesticación entre ambos elementos de la pareja, más literal en La forma del agua (el ser acuático es una mezcla entre galán y mascota), que en las carencias produce comprensión. La película de Lelio busca menos excusas, al presentar al comienzo una relación que no nace de trancas ni soledades compartidas, sino de una pareja que se divierte junta, con un humor y una vida erótica-sexual plena, por ende, no cae en el juego de las otras dos cintas, que deben inventar explicaciones acudiendo a la fantasía o al realismo mágico para concebir un pacto de credibilidad con la historia.

El tema no es nuevo, bien lo planteó con recursos mucho más sencillos en 1958, el proyecto regalón de Burt Lancaster como productor, Mesas separadas, nominada a mejor película, que obutvo premios a mejor actor y actriz principal, que presenta el romance entre un hombre viejo y una joven, que viven encerrados en sus soledades en una pensión. Es un tema que le gusta a Hollywood, pero que tiene una mirada nueva, y responde a los temas políticos del mundo y el momento, por ende le da bonos a Una mujer fantástica.

Que Daniela Vega presente uno de los premios en la ceremonia también es un buen augurio a considerar, sería curioso que la Academia haga ese guiño y sólo ese guiño a la película. Además la cinta llega con buena prensa. Ahora queda esperar que para Chile sea una noche fantástica.

A la política chilena le falta poesía

Publicado en Medium el 05/06/2017.

Lo de Ossandón llega a ser caricaturesco, pero es transversal, aunque siempre habrá alguna excepción, tiene que ver con un aspecto cultural, eso que llaman el lenguaje de la política, que contamina, permea y absorbe, y que se manifiesta en ese ejercicio que parece tan obvio, pero que a la vez es tan desafiante, que es el de convertir la ideología en discurso.
Parece tan sencillo, elegir las palabras adecuadas entre múltiples opciones, para expresar claramente una idea. Una decisión adulta y consciente que se espera de cualquier persona que ha tenido el privilegio de educarse (como es aún en Chile). En esa selección hay una intención y también una definición de identidad. Si el discurso e ideología se condicen, yo soy también las palabras que elijo.
Grandes ideas, requieren grandes palabras. No será que las ideas que pregonan nuestros presidenciables, no están a la altura de un vocabulario más sofisticado que el de una jerga televisiva alimentado por la autocita, plagado de “yo dije” y “nunca dije”, cuya pobreza invita a la imprecisión y a las múltiples interpretaciones que se zambullen en la piscina de la ambigüedad donde flotan las salidas de contexto, las rectificaciones y los cambios de discurso, que fácilmente se limpian con el cloro y después de un par de vueltas por el filtro, parecen palabras nuevas.
En entrevistas y debates, las frases más que a un sueño o a una ambición de país, se asemejan a pachotadas urgentes, que dan cuenta de un país del suple, del parchecito, de lo que hay que arreglar, no de lo que estará mejor, de lo que queremos ser y cómo llegar a serlo. El terreno del debate y la conversación, se ha convertido en una mesa de negociaciones y desafíos. Quién da más y quién se atreve. Ellos hacen sus ofertas y articulan defensas, hablando acelerados, recitando el programa de memoria, pensando en la estrategia para salir mejor en la encuesta que viene. Pareciera que están ahí sentados hablándonos, pero ni siquiera le hablan a quién los interpela, se hablan a sí mismos, en un circuito cerrado de ideas que está constreñido por los resultados.
¿Hace cuánto que un candidato no nos inspira? ¿Que un discurso o su respuesta a una entrevista nos conduce a entender mejor el país que queremos y a soñarlo? ¿Hace cuánto que no nos invitan a creer, porque sus palabras son coherentes con sus ideas, tan claras, poderosas y cuidadosamente seleccionadas que sabemos que atrás de ellas no hay engaño ni intenciones acuosas dignas de perderse en la marea?
La lectura genera empatía, hay estudios que lo comprueban. Me pregunto si nuestros candidatos serán buenos lectores. En un país que llamamos de poetas, con dos premios Nobel, tenemos una clase política que ha logrado mantenerse al margen de esa tradición. Lo manifiestan sus metáforas banales, anécdotas de pobre narración y el ejemplo obvio usado como caso para argumentar, cuando ya no quedan datos.
No puedo dejar de preguntarme cuando los escucho: ¿Esta mujer o este hombre será capaz de conmoverse con Cosette, de entender la obsesión de Alonso Quijano, la inconformidad de Emma Bovary o los devaneos culposos de Raskolnikov? ¿De entrar en las mentes y corazones de otros seres humanos y de poner su interés por un momento de lado, para que esas vidas de otros los sorprendan, emocionen o enojen? ¿Para que las injusticias de los demás las vivan como propias? Visto así, leer una novela no es tan distinto a leer un país. A sentirlo, a pensarlo y a soñarlo.
Chilenos salen a las calles con gritos de ingenio, lienzos de colores con frases que sorprenden, rayados en las paredes que nos impactan y guardamos como fotografías en el teléfono, muestras de corazón y de creatividad que hablan del país que sueñan, manifestaciones concretas de imaginación que nos hacen sentir menos solos y que contrastan con las frases grises, los ejemplos torpes y la promesa generosa pero irresponsable de los candidatos. Cómo, entonces, no sentirnos solos.
Ahí está la desconexión.

Sobre la desconexión entre la industria y lo que se estudia sobre comunicaciones en las universidades

Publicado en Medium el 7/04/2017

El artículo del Poynter, firmado por Nikki Usher y titulado: “¿A alguien le importa la investigación en Periodismo? (En serio)”, asume la defensa de los profes, ante las críticas de quiénes ejercen el oficio periodístico y consideran que la investigación no está aportando cambios a la industria.

Comparto algunos puntos respecto a que efectivamente hay facultades y escuelas que hacen un enorme esfuerzo para la divulgación de su trabajo a audiencias más amplias que el círculo de pares investigadores. Pero creo que aún no es suficiente y a la vez entiendo las limitaciones.

Tener una estrategia y cuerpo profesional que se haga cargo de esa difusión es un lujo y habla de una universidad que entiende el valor social que tiene ese vínculo como también el rédito para el valor de marca de la institución, pero no todas las escuelas consideran ese costo económico prioritario o no cuentan con los recursos, dejando en manos de sus investigadores la responsabilidad de hacer la gestión comunicacional de su trabajo, muchas veces sin contar con el tiempo, ni los contactos, ni la experticia.

La iniciativa del docente es fundamental, pero para tener un impacto significativo requiere que las universidades consideren que su investigación debe llegar de forma directa a la comunidad y decida invertir en eso, para así entregar el soporte y logística que implica salir a hablarle a la sociedad, incluyendo la traducción a códigos masivos.

Que los profesores hagan su propia divulgación usando sus redes sociales, por ejemplo, es un aporte, pero es complementario. Excepto casos particulares como los Jeff Jarvis del mundo, es difícil que puedan alcanzar el impacto que ofrecen otros medios de comunicación masiva.

También hay un tema que no está tratado en la discusión que es clave: el aula. Eso sí creo que es responsabilidad individual de cada investigador que hace docencia y de las escuelas en su capacidad de construir currículos coherentes.

En muchos casos son los investigadores quiénes en una sala de clases traspasan conocimientos profesionales a quiénes luego formarán parte de la industria, ya sea en cursos teóricos, prácticos o teórico-prácticos.

Si el enfoque de la carrera de comunicación que se está construyendo tiene un perfil profesional, es decir busca que sus egresados hagan una práctica en la industria para considerar que tienen las habilidades para titularse y desempeñarse en el campo laboral; y sus cursos se centran en mayor medida en entregar esas competencias, es necesario y me atrevo a decir requisito que el docente que está en la sala sea capaz de construir los puentes entre el mundo de la investigación y el ejercicio práctico.

En el caso de los cursos teóricos, además de traspasar autores, desde aspectos tan básicos como el consumo activo de medios que permita refrescar el conocimiento teórico con ejemplos de la contingencia que resuenan en la experiencia cercana del alumno, que comparte con el investigador el rol de consumidor de medios, pero con una inocencia o menos herramientas de análisis profesional que las del docente, desentrañando los procesos profesionales que definen productos, rutinas o culturas que son susceptibles a ser objetos de investigación. También con investigadores conscientes y al tanto del aterrizaje práctico que tendrán los conocimientos entregados en los cursos siguientes que enfrentarán los alumnos.

En el caso de los cursos prácticos y teórico-prácticos, es donde creo que existe la mayor deuda y donde se establece una brecha entre ambos mundos, en las universidades donde se genera investigación. Si un curso requiere ejecución el desafío es sustentar con lo que aporta la ciencia de las comunicaciones las decisiones que se toman en el ejercicio práctico y apoyarse en esa ciencia para no acudir a las arbitrariedades y rutinas que la investigación estudia y suele criticar a la industria. Sólo un ejemplo, si trabajamos con pauta periodística, no podemos dejar de lado hablar de agenda setting, de framing, de audiencias, del aporte y relevancia social que tiene elegir un tema y cómo lo contamos, es en las clases donde hacemos el ejercicio práctico de la pauta, cuando las teorías creo también debiesen ser recordadas y mencionadas.

También clave, considero es que las investigaciones impregnen el currículo. Que las escuelas no sean como Carlos Caszely y sí estén de acuerdo con lo que piensan. A nivel estructural con un currículo que sea acorde a las líneas de investigación de sus académicos, y que los profesores hagan uso de las investigaciones que se generan en sus escuelas para informar sus clases. Lo que creo incluye a los docentes de un perfil profesional o no investigadores, pienso que hay una responsabilidad compartida entre el profesor y la escuela de que se genere en el aula a través de ejemplos, el diálogo y también un cuestionamiento consciente e informado entre la experiencia profesional y los resultados de la investigación académica.

La universidad como espacio donde se actualiza el conocimiento tiene a través de sus clases un vehículo para presentar los casos de estudio de las investigaciones como herramientas para aterrizar la teoría a los estudiantes. Dentro de la sala hay una enorme posibilidad de dotar de sentido a ambos mundos y de establecer los nexos necesarios para que los estudiantes sean capaces de ver las conecciones, de descubrir las propias y también de advertir contradicciones que ayuden a empujar los límites de exigencia a la investigación y a los conocimientos que se entregan en el establecimiento.

Saldando una deuda con la Mistral, puro rock

Publicado en Medium el 29/03/2017

Foto: Enrique Núñez Mussa.

Apuntes sobre Pasión de enseñar, desde la perspectiva de un profesor universitario.

Nunca tuve mucha onda con la Mistral en la época escolar, cuando a uno se la enseñan. No fueron los mejores textos para entrar y la totemización de su figura no ayudó.
En la universidad empezó la curiosidad sobre todo por escuchar la exaltación contagiosa del profesor Roberto Hozven en su cátedra de ensayo hispanoamericano en la UC, fueron las primeras aproximaciones a una faceta de la Mistral que me comenzó a interesar mucho más que la de poetisa, la de intelectual, una gran pensadora del continente, de la chilenidad, de una sensibilidad global, pero enraizada a la vez en lo local. “Un monstruo intelectual”, me acuerdo que dijo Hozven en una clase…“un monstruo, un monstruo”.
Supongo que me faltaba encontrar el tema común para comenzar una conversación, mi motivo AB con la escritora más importante del país, tras escuchar una entrevista hace poco a Cristián Warnken en la tele, apareció. Anunciaba este libro de la foto que contiene el pensamiento pedagógico de Lucila Godoy, bajo el título “Pasión de enseñar”.
Ayer fui al lanzamiento, lo adquirí y el dialogo partió.

El libro se lee/navega como el conjunto de posteos de un blog, y ofrece variadas puertas de entrada a su mezcla de ensayo, tratado de principios, libro de consejos y manual para quiénes tenemos el honor, responsabilidad y desafío de pararnos en una sala de clases a instruir a otros.

Lo he conversado con colegas y amigos, y estoy cada vez más convencido que desempeñar la docencia es una vocación que te elige y no al revés, y es uno de los trabajos más punk que pueden existir. Qué más revolucionario y transformador del mundo que compartir conocimientos con otros. Es una pega además donde uno ve la acción directa de su trabajo en el desarrollo de los estudiantes. En cada clase, cambiamos el mundo y tratamos de hacerlo para mejor.

Ese traspaso de información tiene algo de sagrado, sacerdotal decía la Mistral, porque en cada sesión nos paramos sobre los hombros de gigantes, de cada uno de los grandes maestros que hicieron que el conocimiento viviera y adquiriera sentido en las vidas de otros.

Pienso en la pintura de la escuela de Atenas de Rafael como el modelo, ese espacio privilegiado donde las ideas y el conocimiento se mueven de una pared a otra, porque la enseñanza es diálogo, los contenidos se vuelven dinámicos en cuanto son conversación, se ponen en cuestión, y uno como profesor, también hackea el intercambio, porque enseñando es una de las maneras en las que más se aprende.

El libro hace un llamado a una educación que no transmita conocimientos muertos, a hacerlos vivos para los estudiantes, a convertir al profesor en un narrador que traspasa la materia a través de historias y también a convertirse en un ser ético, y eso es también transformador, ser profesor te obliga a ser mejor persona, a olvidar sesgos, a buscar la mejor respuesta posible y a ser coherente con esos discursos.

No hay que dejarse engañar por las ilustraciones de Roser Bru, es un libro roquero y algunos de sus posteos podrían repartirse fácilmente fotocopiados en conciertos: “Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela ¿dónde podrán exigirse estas cosas?”. Puro rock and roll.

Un libro vigente y necesario. Hay que mejorar la situación laboral y salarial de los profesores escolares, que son los verdaderos agentes de cambio de este país y la profesión más importante de todas, porque en ella está la semilla del desarrollo de todas las demás. Desde la vereda de alguien que sólo enfrenta un aula universitaria, mi más honda admiración a los profes de colegio que son los que más se la juegan y a quiénes es más fundamental respaldar con las palabras de una mujer que curiosamente hoy es el arquetipo del profesor ideal, pero que toda su carrera debió enfrentar la discriminación de no haber tenido una instrucción formal en la Escuela Normal. Quizás por lo mismo, fue capaz de tomar distancia, de innovar y de ver oportunidades creativas donde otros veían rutina.

Ahora nos invita a tomar distancia nuevamente y a pensar juntos la educación de Chile y sobre todo, a encontrar la pasión en la enseñanza, a enamorarnos de la instrucción con la misma pasión que se vive la paternidad/maternidad. Que como país, tratemos nuestra educación con el amor que se merece.

Fiskales Ad-Hoc, gira de despedida —Centro Arte Alameda, 3/12/16

Publicado en Medium el 19/12/2016.

Texto y fotos por Enrique Núñez Mussa

Aunque salieron pasadas las 2.15 A. M., valió la pena la espera. Los Fiskales Ad-Hoc son una de esas bandas con las que sentía una deuda personal. Tenía que verlos en vivo y esta que es su gira de despedida, era una de las últimas oportunidades.

Hace años entrevisté un par de veces a Álvaro España y para eso tuve que estudiármelos, escuchar la discografía completa, ver el excelente documental Malditos, ir a la Fiskalía en el Eurocentro para encontrar lo que ya no estaba disponible en ningún otro lado, ver cientos de videos en YouTube, leer blogs, etc.
Así aprendí sobre una banda que ha tenido la coherencia para mantenerse constante como un grupo de amigos, sostenida principalmente entre la amistad de España y el Roly (bajo). Todos los que trabajan con ellos funcionan como una familia, por eso ahora que algunos ya tienen la propia, no pueden seguir, pero como me dijo una vez España: «No tenemos donde caernos muertos, pero con el Roly estamos tranquilos de que ya somos parte de la historia de la música chilena».

Visibilizaron el punk y supieron responder a una urgencia que también los apuró a ellos. Comenzaron desde las ganas antes que de la melomanía. España nunca aprendió a tocar un instrumento, el primer baterista era menor de edad y ni siquiera sabían cómo hacer un disco cuando grabaron el primero. Lo de los Fiskales era encontrarse con el público en las fiestas alternativas clandestinas durante la dictadura.

Ese era gran parte del público de anoche, personas que habían envejecido con ellos, pero también algunos jóvenes, dos mocainos de deslumbrante altura celeste y púrpura, chaquetas con remaches, otro mocaino más discreto, los tres tendrían menos de 30 años, y deben haber encontrado en las letras lecturas nuevas que dan cuenta de un malestar actual.

A ellos les habló España y aunque nuestras formas son diferentes, estuve muy de acuerdo en el fondo de su discurso, no muy distinto a lo que le aconsejo a mis estudiantes: «Ahora con un computador la educación está ahí. Edúquense cabros. Todo es mente». Qué más punk que las ideas y el conocimiento.

El vigor de su sonido y la fuerza que tiene en vivo una canción como «Condor» acentúa con la enajenación de los sin polera bañados por la cerveza. La banda no sólo ha llegado a un nivel de profesionalismo en que se escucha igual o mejor que en un disco, sino que es capaz de crear un espacio de euforia y conexión con su público.

Producen cercanía, suben gente al escenario, pasan el micrófono. El hecho de que vivan en un mundo donde los seudónimos importan más que los nombres (el Hueso, el Marihuana, el Vaquita etc.) da cuenta de ese candor.
Quería además de verlos en vivo, ir a mirar, escribir apuntes y tomar fotos, de alguna manera, registrar cómo es uno de los últimos encuentros de esta banda con sus seguidores.

No quedé conforme con las fotos, fue difícil tomarlas, porque se genera en sus tocatas un lindo momento frente al caos, pero creo que algo revelan sobre el ambiente y la jornada.

Crónica de Japón, India y Sri Lanka

Publicada en el sitio web de la Facultad de Comunicaciones UC el 9 de mayo de 2016.

La travesía asiática de jóvenes líderes chilenos

El profesor de la Facultad de Comunicaciones UC y editor de Km Cero, Enrique Núñez, fue selecionado para participar en el programa Barco de los Líderes de la Juventud, que incluyó un viaje por un mes y medio a algunos países de Asia junto a 229 jóvenes de diferentes lugares del mundo. La inicitiva fue certificada por la Universidad de Naciones Unidas. Este es su relato.

Por Enrique Núñez Mussa

Con el primer ministro Shinzo Abe

Eran los últimos días de calor. La humedad hacía que las poleras se pegaran a la piel tras escasos minutos en cubierta, pero había que aprovechar, nos acercábamos a Singapur y las puertas del barco se cerrarían durante cuatro noches. “Pirates”, eso nos dijeron. Era una medida preventiva para que las encarnaciones siglo XXI de Jack Sparrow no pudiesen ingresar a atolondrarnos más de lo que estábamos, tras casi un mes y medio de travesía.

Había que mirar el mar y la neblina gris que escondía el horizonte. Parado en la proa pensaba en qué habría más allá de esa pared de nubes, un espacio que parecía existir solo en el futuro. Lo único real era ese momento. Lo demás era confiar. No quedaba otra que cerrar los ojos y fiarse de la pericia del capitán para detectar el rumbo hacia un destino que nos parecía imposible distinguir en medio de la nada.

Pero si algo habíamos aprendido, era a perder el miedo y confiar. Nosotros, los 229, de 11 países diferentes. La mitad japoneses, el resto de delegaciones con 12 participantes de cada país, entre ellos la de Chile, una de la I región, dos de la IV, dos de la V, uno de la región XIV y seis de Santiago, de los cuáles uno era yo, que siete meses antes llenaba un formulario para postular a un programa que desconocía por completo: The Ship for World Youth Leaders o Barco de los Líderes de la Juventud.

Esos días en un Santiago invernal parecían fantasías de una dimensión paralela, nada tenía que ver la lluvia que me recibió cuando fui convocado a una entrevista en el Instituto Nacional de la Juventud con el aíre tibio, algo asfixiante de esa tarde de mar. Fui entrevistado por una persona del INJUV y otra de la Embajada de Japón, esta última entidad era la encargada de coordinar en Chile el programa creado y financiado por el gobierno japonés, para poner en contacto a jóvenes líderes de diferentes países del mundo en un ambiente interdisciplinario.

El que está en la proa aprendió a bailar cueca y es Líder Nacional Asistente de la Delegación. El que sale del INJUV y abre el paraguas esperará a saber si fue elegido y prefiere no imaginarse todavía en los destinos que contempla el viaje, lo único que sabe hasta el momento: Japón, India, Sri Lanka y Singapur.

El que está llegando a Singapur trabajó creando videos, sacando fotos, estructurando y haciendo el sonido e iluminación de una presentación nacional de 45 minutos para dar a conocer Chile y ayudó a todas las otras delegaciones en las suyas. El que se resguarda de la lluvia en Santiago y sube rápido a un taxi para llegar a la Facultad de Comunicaciones UC, donde es profesor, ni siquiera sabe cuántas horas de viaje hay entre Chile y Japón.

El que está en el Nippon Maru, crucero de siete pisos, donde comparte habitación con un participante de Emiratos Árabes y otro de Japón, sí sabe, lo tiene clarísimo, porque todavía recuerda el alivio que sintió al estirar las piernas cuando llegó al aeropuerto Narita de Tokio, donde lo esperaba un bus.

Experiencias asiáticas

Tokio nos recibió con sus luces fluorescentes para avisarnos que se trataba de una ciudad que se niega a aceptar la noche con sus restaurantes y tiendas abiertas las 24 hrs. El contraste lo descubriríamos en Iwate, una provincia tradicional del norte del país, donde junto a la delegación de Tanzania fuimos recibidos por familias japonesas que nos hospedaron en sus casas.

Entre la nieve y los campos de arroz, los Koga me introdujeron a la gastronomía japonesa y al sake, había que acostumbrarse, porque sería la dieta para gran parte del viaje. Después de un fin de semana durmiendo en tatami y trasladando mi higiene de una ducha a los baños públicos con aguas termales, regresamos a Tokio. Allí tendríamos dos semanas de preparación en el National Youth Center, donde se ubicó la Villa Olímpica de 1962.

En la capital japonesa, voy en un bus, llevo poncho y chupalla sobre las piernas. Estoy vestido de huaso, no lo hacía desde la educación básica. Ni esperaba volver a hacerlo. Tampoco esperaba que sería para esta ocasión. Voy camino a conocer al Primer Ministro de Japón, Shinzo Abe. Las indicaciones son: tener la cabeza descubierta y darle la mano. Estamos ordenados, Abe pasa rápido sin perder formalidad, su apretón de manos es fugaz, pero firme. Nos felicita. Nos sacamos la foto oficial y una selfie. Vamos de regreso en el bus y me acuerdo del camino de regreso al trabajo en esa mañana de lluvia.

El clima no dista mucho en Tokio. Hace frío, hay que usar al menos tres capas de ropa, aun así hay sol y el cielo está despejado, por lo que puedo apreciar una panorámica de la ciudad desde las instalaciones de FUJI TV, el canal privado más grande de Japón, donde me encuentro de visita como parte del curso Media and Information, facilitado por Mifuyu Shimizu, documentalista que trabaja para la estación. Ahí nos presentó a Thoshihiro Shimizu, director de un nuevo servicio de noticias 24 horas sólo por internet, que nos contó cómo se constituyen como un equipo pequeño e interdisciplinario: si es necesario todos pueden salir en cámara, grabar o switchear, una suerte de hermano menor del canal abierto, pero que se permite mayor interactividad y libertades editoriales. Se definen como una versión menos editada, porque privilegian la inmediatez.

Cada participante en el programa asistió a un curso basado en su experiencia profesional e intereses. En el de Media, ya en el barco nos preparamos para hacer un proyecto final. Ahí me hice amigo de Ruriko Kikushi, de Japón. En una conversación en clases compartió una frase que nos paralizó: “Nunca le he dicho: ‘te amo’, a mis padres”. Amor no tiene traducción al japonés. Eso nos condujo a comparar perspectivas y descubrir lo diferente que se entiende el concepto en cada cultura.

En el barco teníamos una oportunidad única para comparar y registrar cómo entendían el amor jóvenes de 11 países diferentes. Con esa intención, ideamos un corto documental, en el que entrevistamos a dos integrantes de cada delegación a partir de un cuestionario base que los desafió a salir de las definiciones obvias para explicar, por ejemplo, qué olor, qué sonido o de qué color es el amor.

Fue un privilegio dirigir ese proyecto, hacer la fotografía y la edición, lo que me permitió estar en todas las sesiones de entrevistas y aprender de cada una de las experiencias compartidas por los entrevistados. El documental, que llamamos The Love Project, está disponible en Youtube y se puede ver aquí

Aprendiz y superestrella

Registrar, documentar, tratar de que cada momento quede guardado. Tengo 200 gigas de fotos y videos. El viaje adquiere sentido en la medida que lo reporteo, en que pienso cuáles son las historias para contar. En la tarjeta de mi cámara están los contrastes de la India, las playas de Chennai con un mercado donde los niños hacen desnudos sus necesidades junto a las verduras y pescados en venta; la espiritualidad latente en las figuras religiosas frente a las puertas de las casas, donde las mujeres salen con sus hijos en brazos, me sonríen y me piden que las fotografíe; el elefante que bendice a los transeúntes con el toque de su trompa; los hoteles de lujo y el moderno centro comercial a pocas cuadras del templo, al que se debe entrar descalzo, para orar a alguna de las múltiples deidades tras las velas, y un grupo de mujeres, sentadas en el suelo, que comen los platos de arroz que les dio una institución de caridad.

En la India, el curso de medios fue invitado a Prasad, productora y escuela de cine, que entró al mercado americano digitalizando clásicos como Ben-Hur y Lo que el viento se llevó. El profesor y director de la escuela en Chennai, Venaktesh Chakravarthy, nos hizo un recorrido por la historia del cine hindú, del cual el conocido Bollywood es sólo un fragmento; y la profesora y cabeza de la sección de medios y entrenamiento, Uma Vangal, nos presentó los contrastes de un mercado cinematográfico segmentado por las diferencias culturales y religiosas dentro del país, que requiere que se filmen varias versiones de la misma historia, con elencos para cada audiencia y ajustes al guion para hacerlo más conservador, dependiendo del público al que vaya dirigido.

Hasta India, el viaje ya tenía bastante de realismo mágico, pero en Colombo, la capital de Sri Lanka, los días adquirieron un tono Macondiano: la banda de música y los bailarines acrobáticos que nos recibieron en cada lugar o la fila interminable de personas alineadas que formaban una pared esperando para saludarnos, mientras cada uno de nosotros recibía un coco perforado con una bombilla.

En el curso de medios visitamos el canal de televisión Independent Television Network, el más importante del país, sin embargo nosotros fuimos la noticia, las cámaras nos seguían y en un pequeño cine, nos mostraron en vivo el noticiero de las 10.30 am que daba cuenta de nuestra llegada a las instalaciones. Cuando detuvieron la grabación de la teleserie, no era fácil determinar si nosotros nos estábamos sacando fotos con los actores o ellos con nosotros.

En Sri Lanka, la nación de los Budas enormes, una familia nos recibió por un día y nos enseñó sus tradiciones: a comer con la mano, se hace una cuchara con los dedos y se empuja el alimento como una bolita con el pulgar. La visita al templo, que era fundamental, y el traje blanco que era requisito. Con la ayuda de un vecino, nos amarraron las faldas a la cintura. Nos abotonamos el cuello hasta arriba y luchamos contra el sudor tropical. El país tiene algo de paradisiaco y cuesta imaginar su lucha reciente para derrotar el terrorismo brutal de los Tigres Tamiles y superar una guerra civil.

Profesor por siempre

Cuando no nos sorprendíamos con las actividades en los países donde el barco se detenía, pasábamos días navegando en los que algunas de las actividades las organizábamos nosotros. La vocación llama y como no pude dejar de ser periodista, tampoco me pude desligar de la docencia. Muchos de los participantes compraron cámaras de fotos en el viaje, por ejemplo, la delegación completa de Sri Lanka; pero noté que varios las usaban en modo automático, por lo tanto organicé un curso de fotografía donde les enseñé conceptos básicos y a utilizar las funciones manuales de su cámara.

Una de las instancias académicas más relevantes en el barco eran los Seminars, instancia en que los participantes podíamos proponer una clase sobre nuestras áreas de experticia. Con cerca de 40 asistentes, hice una clase sobre storytelling basada en una de las clases del curso que imparto en la Facultad, Taller de Edición en Prensa. El desafío fue adaptarlo a un público general, que terminó compartiendo relatos en los que aplicaron técnicas narrativas.

Ellos contaron sus historias y yo ahí en la cubierta pensaba en la mía, en el Santiago lluvioso de hacía meses, en los días que habían pasado y en los que quedaban. No sabía si podría volver a sorprenderme después de esos estímulos. Quizás si nos invadieran los piratas, pensaba. Pero no hizo falta tanta acción para revitalizar nuestra capacidad de asombro. Cuando el calor se alejó y el frío nos indicó que Tokio se acercaba, la marea nos quiso dar una última sacudida, un permanente terremoto de siete grados las 24 horas. Sólo las pastillas contra el mareo nos permitieron seguir funcionando. Pero el mar también nos guardaba un regalo, la sorpresa final. Una mañana al desayuno, alguien gritó: “Dolphins”, y unos delfines pasaron nadando a nuestro lado, venían a decir adiós e imagino a desearnos suerte en lo que llegásemos a encontrar en el horizonte, atrás de la neblina.

La lista de títulos multipropósito

Colega editor, yo se que Ud. necesita clics y que tener títulos ingeniosos, creativos, con valor periodístico y además atractivos, todos los días, en sus redes sociales es casi tan difícil como pedirle pautas con las mismas características. Por eso, para que no se complique, aquí una lista de títulos multipropósito para que no se siga esforzando tanto:

  • Mira lo que le pasó a…: Aplicable a todo. El rango varía desde una mantarraya bailarina en monopatín que le hizo fotobomb a un periodista en cámara, hasta un periodista en monopatín que le hizo fotobomb a una mantarraya que estaba haciendo un despacho. Todo vale. En un mal día se sugiere agregar: No creerás lo que le pasó a…
  • El asombroso cambio de…: Transformaciones de toda índole, gordos en flacos, hipopótamos en ornitorrincos, etc. En un mal día se sugiere agregar: ¡Te sorprenderá!
  • Mira cómo está ahora: Estrella infantil de hace diez años, verificar si es mayor de edad, revisar su Instagram y compartir fotos. También aplicable a individuos captados caminando por la calle cuyo aspecto esté en considerable decadencia.
  • Las sensuales vacaciones de (modelo de la televisión): Tres fotos de Instagram en traje de baño. #PULITZERSEGURO
  • El imperdible descuido de (nombre de famosa) en (evento al aire libre, de preferencia alfombra roja): Calzones. #PULITZERYPERIODISMODEXCELENCIAJUNTOS
  • El peor día de…: Personaje televisivo comete un error en cámara. Embeber tres tuits con críticas.
  • La (agregar adjetivo a gusto, pero se sugiere «acalorada») polémica entre (da lo mismo, tienen que trabajar en la tele y haberse dicho algo): Se sugiere agregar dos tuits a favor de uno, dos a favor de otro, y uno chistoso.
  • Los mejores memes de (elegir evento): Sólo el titular y los memes, para qué complicarse. No es necesario que de verdad sean «los mejores», con diez basta.
  • El (usar adjetivo a gusto) gesto de (elegir personaje) por (elegir causa social):Ejemplos: el tierno gesto de un padre por los zurdos (señor vestido de mano izquierda); el atrevido gesto de los manifestantes por el derecho a usar cotonitos (manifestantes se limpian las orejas caminado por la calle).
  • Sabías por qué…: Aplicable a hábitos alimenticios, del sueño y a productos en desuso.
  • Los personajes de (elegir dibujo animado) dibujados como (elegir otro dibujo animado): Buscar fan-art de monos Disney como súper héroes y publicarlo.

‘The Get Down’, estado de emergencia

Foto: https://www.facebook.com/thegetdownlat/

The Get Down es sobre lo orgánico. En la serie la palabra «emergencia» se puede leer de dos maneras, la primera da cuenta de la cultura del hip hop que emerge, mientras la segunda interpretación es de emergencia como la reacción a crisis que conducen a los personajes a encontrar soluciones para sus problemas sociales, creativos y económicos.

El guión disfrazado de drama musical, es más una historia de aventuras y crecimiento, con capítulos construidos en una dinámica de desafío-solución para presentar el camino de formación de un héroe que, desde el comienzo, sabemos en qué se va a convertir. La serie abre cada capítulo con el resultado. Lo que queremos es saber cómo el protagonista llegará a ser un personaje como Drake, Jaz Z o Kanye West.

En los capítulos se retratan mecanismos creativos, asociados a las fracturas dentro de la vida y entorno de los personajes que dan origen a la necesidad de esos procesos de expresión. La trama avanza mostrándonos de qué manera nacen y se van consolidando signos distintivos de la cultura hip hop como el break dance o las bases musicales.

Ya sea en las paredes o en la poesía de rimas de un MC, los personajes son escritores, hablan de lo que les duele y, a la vez, no quieren que sus mundos y sus vidas sean anónimas, les interesa trascender, intuyen la importancia de lo que están haciendo, en parte por ambición personal, en parte también porque necesitan gritar, aullar e identificar a otros en ese aullido, en una generación que la serie refleja como ausente de referentes estéticos e ideológicos, donde impera la música disco y la superficialidad. Por ende, el grupo protagónico toma decisiones como una respuesta a esa cultura del vacío, en lugar de una actualización.

The Get Down muestra la forma en que surge y se construye la voz genuina de los autores cuando convierten las limitaciones aparentes en oportunidades y consiguen, desde esa posición honesta, crear algo original