Categories
Web articles/Artículos en la web

Adiós cazador

Publicado originalmente en Medium.

Michael Cimino no fue un director prolífico ni consistente, pero con una película hizo más que muchos en toda una carrera. Un homenaje a The Deer Hunter, tras la muerte del realizador.


El director Michael Cimino murió a los 77 años y de su carrera destacó sólo una película. Pero qué película, The Deer Hunter, la segunda que filmó y que lo llevó a una gloria que no volvió a replicar. Con Oscar a mejor director y película incluidos.

En su ambición por encerrar la vida, The Deer Hunter narra una historia, que como pocas, es capaz de reflejar el paso de la inocencia y las expectativas hacia el desencanto y el sin sentido, exigiendo a los personajes reinventar su identidad para sobrevivir ante las circunstancias.

Un grupo de amigos demasiado seguros de sí mismos, tanto como para correr desnudos y borrachos en un suburbio donde no hay más riesgo que el de un resfrío y que construyen su virilidad y confianza en jornadas de cacería deportiva, sueñan con su futuro antes de partir a la guerra. Uno de ellos contrae matrimonio, en una secuencia que exuda alegrías y esperanzas. Serán las últimas.

Esa primera parte, funciona como una película por sí sola y cumple el objetivo de reflejar un mundo que consigue nuestra empatía con el suficiente compromiso, para que nos derrumbemos junto a los personajes cuando Vietnam les hurte la posibilidad de volver a sentirse así por el resto de sus vidas.

El sueño americano se extingue con esa generación. Estados Unidos quedará tan escindido como esos jóvenes. La muerte es un juego, es banal, es la ruleta rusa, es DeNiro y Christopher Walken jugándose el destino con un arma en la sien, porque ya nada queda por perder.

La película refleja con maestría la necesidad de reinventarse y la imposibilidad de desprenderse de las consecuencias de la guerra. De esa forma, la cinta se convierte en un puente natural entre el clásico The best years of our lives y la más reciente The hurt locker, para mostrar como la violencia de un conflicto bélico trauma a una generación.

Los que sobreviven lo hacen con cicatrices de las que no se pueden librar, porque un ser humano que fue empujado a sus límites más brutales, queda ahora sí desnudo, enfrentado a sus emociones más oscuras y contradictorias. Vivirán con la necesidad de cerrar sus procesos, pero lo que pueden encontrar tras esa búsqueda, es tan peligrosamente azaroso como el resultado de una ruleta rusa.

Categories
Web articles/Artículos en la web

El remezclar de la fuerza

Publicado en Medium. 

No soy un fan acérrimo de Star Wars, pero me gustan. Valoro sobre todo que la saga la creó un tipo fanático de las carreras de autos y la velocidad, medio nerd, pero que soñaba con ser un James Dean, que hacía cortos raros y experimentales en su universidad y que en vez de carretear, los sábados por la noche se quedaba escribiendo en un cuaderno historias de personajes con nombres medio camp (Luke se llamaba Starkiller), que ocurrían en planetas inexistentes. En síntesis: un autor.

Me gusta que en las tres primeras se notan todavía las palabras escritas a mano en un cuaderno. Una nueva esperanza era una película por la que el estudio y sus colegas directores no daban un peso (excepto Spielberg que le hizo una apuesta por la que aún hoy recibe millones), ni siquiera George Lucas, lo que le entregó mucha libertad. Ahora la damos por hecho, pero en el cine de los 70 donde imperaba el realismo y la historia urbana, era una rareza.

Algo inexplicable que estaba en el límite entre la superproducción y el cine B, una línea que a Lucas le ha costado calibrar en su carrera, sobre todo como productor, muchas veces cayendo en el mal gusto y un humor sonso (La segunda parte de American Graffiti, el especial de navidad de Star Wars, Howard the Duck, la inclusión de Jar Jar Binks en el Episodio 1, etc…).

Eso a la vez implica un riesgo. Exponerse, jugársela por algo que puede ser tanto odiado como amado y con la primera trilogía de Star Wars le resultó, lo amaron. Ese es el juego, eso es ser un autor, enfrentarse desnudo y que te tiren tomates o que enganchen, pero en ningún caso dejar de explorar y de exponerse con honestidad.

Con la segunda trilogía le tocaron los tomates, pero no se puede negar que era una obra cargada por sus obsesiones e influencias. De él. Fue esa ausencia de temor ante el riesgo y lo inexplorado, lo que terminó impulsando la industria de los efectos especiales, a través de su empresa Industrial Light & Magic.

En cambio ahora nos enfrentamos a una película concebida para ser amada y el problema con eso es que no se atreve a correr riesgos, por lo tanto hay guiños, pero no coqueteo. Se siente tan familiar, que a ratos es como si la hubiésemos visto, aunque lo que presenta en pantalla es pragmáticamente nuevo, las estructuras y elementos sustanciales son los mismos. Es un espacio cómodo, pero que carece de sorpresa.

La diferencia está en la cadena de influencias detrás de la obra. El despertar de la fuerza es como un cover o un remix de las ediciones anteriores, hay una sola gran fuente de origen de la que se nutre y actualiza y reordena los elementos, pero al final estamos bailando la misma canción, con ciertos aspectos formales que dan cuenta de la mano del DJ, en este caso J.J. Abrams, que hace como nunca que las luces de colores se reflejen en los cascos de los stormtroopers y los sables en los rostros de los combatientes. Ok, sí, pinchó el disco con pericia, concretando una experiencia estética placentera y efectiva en sus ritmos narrativos, que se deja ver con fluidez, pero no compuso algo nuevo.

La primera Star Wars mezclaba el cine de Kurosawa, el teatro Kabuki, el cine clásico de aventuras rotativas como Flash Gordon, la pasión por la velocidad y estructuras mitológicas amparadas bajo la conceptualización de Joseph Campbell, entre otros elementos, que dan cuenta de un camino de formación personal, tan personal que hasta la, entonces, esposa del director se hace cargo del corte, porque nadie lo conocía mejor que ella.

Tampoco es necesario volver a inventar la rueda, pero cuando el objetivo es conquistar consumidores en lugar de corazones, incentivar a que los niños compren juguetes en lugar de que se entusiasmen a salir a explorar y vivir sus propias aventuras, es difícil sorprender, impactar y enamorar.

La cinta entretiene y a ratos encanta, pero no se sostiene sin sus predecesoras. Se habría agradecido algo de riesgo, cierto nervio que implique no concederlo todo, para que sea un universo que funcione bajo sus propias reglas narrativas y no las que podría esperar el público.

Es valorable una protagonista femenina y un elenco que como el original apuesta por la normalidad en los actores, no hay físicos privilegiados y los grandes nombres son de antaño, el resto está empezando a construir sus carreras, lo que es una estrategia brillante que creó el mismo Lucas, en las primeras cintas, para mantener la verosimilitud dentro de un mundo de naves y extraterrestres.

El despertar de la fuerza más que una película, es una experiencia popular con todos sus añadidos de merchandising. Es como quién baila una de sus canciones favoritas en una fiesta con sus amigos, sorprendiendo en algo a los más jóvenes, pero a la vez, dejando en claro que eso que ya fue, no les pertenecerá nunca como le perteneció a ellos.

No hay un verdadero despertar. La fuerza siempre estuvo ahí en la primera trilogía. Esta película la remece un poco, pero es ante todo una invitación para retornar y, en el caso de los nuevos espectadores, redescubrir el origen.

Categories
Academia Web articles/Artículos en la web

Trump: la prensa, la narrativa y lo que queda por contar

Publicado en El Mostrador el 29 de Julio de 2016. 

Por Enrique Núñez Mussa, Facultad de Comunicaciones UC

En una elección democrática, los candidatos, periodistas y electores, entran en un triángulo de agendas en competencia y, por ende, de narraciones que intentan dominarse entre sí. Varios estudios empíricos han advertido que en periodo de elecciones los votantes perciben el mensaje de los candidatos con atención selectiva según sus afinidades, afiliación y prejuicios.

Por lo tanto, los electores suelen ser menos críticos respecto al discurso de “su” candidato, ven con facilidad sus virtudes y detectan defectos en el rival. En el caso de los votantes indecisos, su llegada al candidato tiende a ser por el que sienten más afinidad desde el carisma, para aproximarse luego a sus ideas. En ambos procesos, usando conceptos de Aristóteles, el pathos, la reacción emocional al discurso, y el ethos, que da cuenta de la credibilidad del narrador por su carácter, anteceden al logos, que implica la ponderación lógica de los argumentos.

Es una situación a la que se puede aplicar el paradigma narrativo del profesor Walter Fisher, que indica que los seres humanos procesamos la información a través de historias y que los individuos adoptarán la narración que tenga una coherencia interna que se ajuste de mejor forma a sus creencias previas. Las historias están estructuradas para generar un efecto en las emociones del receptor. En ese escenario, uno de los factores que ha influido para que Donald Trump logre la nominación como candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, fue que utilizó una herramienta narrativa para apelar a los electores.

Su relato hace una interpretación oportunista de hechos como la masacre de Orlando, para, desde la amenaza aparente, construirse como un héroe de carácter firme que defenderá al país. Es un discurso que intenta evidenciar una nación de cristal, llena de amenazas, que requiere ser fuerte nuevamente. Para hacerlo se apoya con imágenes que representan su aparente poderío y capacidad, como la de un gran muro para separar a Estados Unidos de los inmigrantes, cuya única frontera pertinente es la de lo mítico y la megalomanía.

El escritor Carmine Gallo, en el libro The storyteller’s secret, explica que uno de los mecanismos efectivos para generar empatía al construir un relato, es identificar a un antagonista que se opone al avance o que amenaza la estabilidad del protagonista. Ese antagonismo conduce a que personajes disimiles puedan unirse en función de protegerse de la amenaza. Esa estructura dramática clásica, provoca incertidumbre y el deseo de mantener las cosas como están o de recuperarlas. Las sociedades experimentan esas incertidumbres cuando se enfrentan a crisis, por ejemplo, un ataque terrorista cuyo objetivo comunicacional es producir ese efecto.

Trump, en el discurso tras su nominación por el Partido Republicano, intentó aunar voluntades de votantes duros e indecisos inventando una crisis de seguridad y atribuyéndosela a un enemigo común. Qué más fácil que convertir en antagonistas a quienes no tienen el acceso a los medios ni la influencia para contar su propia historia: las minorías.

Convirtió a la inmigración en una figura abstracta y lo suficientemente amplia, para que los electores le den la forma que deseen en sus cabezas, cargada por prejuicios ignorantes, que suscitan una cadena de malos entendidos, que enturbian y contaminan la realidad. Transformando a quienes buscan refugio en sinónimo de terrorismo o en una bestia de película de acción que desintegrará el orden, para atentar contra la peligrosamente invocada seguridad nacional.

Esa es la estructura dramática que subyace a la teoría realista, que ve al hombre desde una perspectiva hobbesiana, y que desconfía de las instituciones y los acuerdos para mantener la seguridad del Estado ante una situación de alerta permanente. Acá gana el que se defiende mejor, sin respetar la filosofía de los tratados, la confianza en los organismos establecidos y el diálogo, que sostiene la teoría liberal, y que fue fundamental para mantener el equilibrio entre naciones durante la segunda mitad del siglo XX. La misma visión que el candidato Trump tiene para sustentar sus ideas de política exterior y que ha ejercido al interior de su partido para conseguir la nominación.

Él se aprovechó del proceso de personalización de la política, utilizando sus años de exposición mediática para imponer su carisma y carácter, infiltrándose en la estructura de partidos como un virus que la descompone. Trump deja a un lado los ideales que fundaron el Partido Republicano y, en su lugar, se aprovecha de las divisiones dentro de la colectividad para avanzar.

Fue un narrador capaz de identificar los prejuicios de un sector de su electorado para construir a partir de ahí un relato. Una historia con coherencia interna, pese a no tener consonancia con lo que ocurre al exterior de los márgenes de su discurso. Es el miedo en respuesta a la amenaza, lo que puede llevar a los menos críticos de sus electores a asimilar las correlaciones espurias de Trump para mantener a salvo al país, y es una lealtad emocional al partido, la que puede llevar a los republicanos detractores a apoyarlo.

Una idea que puede servir para entender la preponderancia de este vínculo entre emocionalidad y razón durante la campaña, está en los nuevos hábitos para consumir contenidos. Las redes sociales se han vuelto un canal de distribución en que el usuario interactúa con la información desde el pathos. El usuario no solo comparte y comenta los contenidos de política, sino que en una plataforma como Facebook indica también si le gustan, le encantan, lo divierten o lo enfadan, entre otras reacciones que fueron añadidas este año; mientras en Twitter, la estrella que permitía marcar un mensaje como favorito, se convirtió en un corazón.

Trump, que fue presentado como un personaje de comedia por la visionaria y desaparecida revista de sátira política Spy a fines de los 80, que lo calificó como un vulgar de dedos cortos, entendió en las primeras etapas de la campaña que podía aprovechar la emocionalidad a su favor, a través de la provocación, para posicionarse en la agenda periodística. Los medios se fueron paulatinamente dando cuenta de un avance que parecía delirante, hasta que a la revista Time no le quedó otra que anunciar que habría que lidiar con él, con el titular: “Deal with it”.

Desde la perspectiva de un periodismo público, en el que la prensa es entendida como un actor importante para dotar de sentido a la realidad y fiscalizar al poder para mantener una democracia sana, su rol puede ser fundamental en los últimos meses de campaña, los más influyentes para el electorado. Si bien la prensa no es la única responsable, ya que es solo un actor más, puede aún asimilar la emocionalidad en la cobertura de la campaña y encauzarla para que los electores puedan entender las consecuencias de su decisión al votar.

John J. Pauly, en un ensayo en el libro The idea of public journalism, publicado en 1999, distinguía con preocupación tres corrientes paralelas: un periodismo basado en los datos, otro en la narrativa y un tercero centrado en generar conversación pública. Su llamado era que debían integrarse, que los lectores hacían sentido de la realidad desde las narraciones y que era necesario que el periodismo más duro, centrado en datos, aprendiera de los contadores de historia y sus habilidades para construir estructuras dramáticas.

Ese llamado puede aportar en esta última etapa para desvanecer los temores infundados. Además de revisar las imprecisiones y errores en el discurso del candidato, y de revisar su historial de momentos ligados al entretenimiento, es momento de que las pautas se concentren en presentar las consecuencias de un posible gobierno de Trump, combinando los datos duros disponibles, con la proyección que permite la narrativa y el posterior efecto que puede tener en la conversación pública.

Emoción y razón pueden trabajarse en conjunto, para derrumbar la muralla que Trump construyó en la mente de los electores. Los periodistas como contadores de historias pueden aún guiar el relato y utilizar sus herramientas fiscalizadoras para aportar a que se detenga un descalabro en ascenso y aportar a que regrese el sentido común. La historia que cuenten, puede terminar cambiándola.

Categories
Web articles/Artículos en la web

Parla più piano

Originaly published in Old movies for modern times on june 23rd of 2012.

The story behind the score of The Godfather.

After 40 years of the release of the Corleone family saga, is a fact that it has become an ageless movie. It is always refreshing to enjoy again its outstanding narrative plus its huge performances and the treatment given to the topics behind the story such as family, loyalty and power. That package would not feel the same without a fundamental detail that takes over the audience ears. The addictive melody composed by Nino Rota, known as The Godfather love theme.

A melody that almost disappeared before the release of the first film, but finally became part of the identity of the movie and a narrative key element. Francis Ford Coppola was a fan of Rocco and his brothers (Luchino Visconti, 1960) and of the score that Nino Rota wrote for that story. He wanted Rota to write the music for his own film of Italian brothers.
Walking at an airport Rota told Coppola that he got the tune for the Corleones and hummed it to him. The director immediately gave his approval. While the initial version of the film contained Rota’s creations in several scenes, Robert Evans the production chief at Paramount Pictures did not like it at all. Coppola agreed to make a special screening, just to test if the audience liked the music. The lucky ones who saw The Godfather exclusively for the first time, not only loved the soundtrack, they also applauded a future classic of cinema.
That convinced the studio, but they allowed the filmmaker to keep the score only in some scenes. In others, Rota’s work was replaced. For example in the Hollywood sequence, before the head of the horse appears over the bed. Nino Rota had written a song called The pickup, instead the studio chose jazz music that gave a historical context.
The score was nominated to an Academy Award in 1972 but it was disqualified because part of the composition was used in the Italian picture Fortunella (Eduardo de Filippo, 1958, with script by Federico Fellini). After the success of the first Godfather movie Nino Rota and Carmine Coppola, father of the director, won the Academy Award in 1974 for Best Music, Original Dramatic Score in The Godfather II.

In The Godfather III, the main song appears in its Sicilian version Brucia la terra and has an important narrative role, because it works as Michael Corleone’s “rosebud”. While Anthony Vito Corleone, his son, who chose the opera before the mafia, performs the song, Michael remembers his Sicilian wedding when Apollonia was murdered and then looks at his daughter Mary flirting with Vincent Mancini. He realizes that living with a gangster is living with the nightmare of death.
The song has been recorded several times in its Italian version, Parla più piano, and in English as Speak softly love, with lyrics by Larry Kusic. One of the most popular versions is the one by Italian singer Gianni Morandi. Rock has tasted the Godfather sound in the electrical guitar version by Slash on stage. Even actor Dominic Chianese, Johny Ola in the Godfather II, recorded a cover, taking some advantage from his appearance in the film.

Among the new versions, there is one that is particularly exciting, makes the hair stand on end and makes me desire that if Vito and Michael Corleone redeemed their sins; they will find this scene when they arrive to heaven. I’m talking about the version by the beautiful British soprano, Katherine Jenkins.

Enjoy:

Categories
Web articles/Artículos en la web

Mirror: The brief encounter of David Lean, Wong Kar Wai and Sofia Coppola

Originaly published in Old movies for modern times.

British director, Sir David Lean (Lawrence of Arabia, The Bridge on the River Kwai) shows its emotional side in Brief Encounter (1945) filmed in England, previous to his Hollywood success with epic movies. With less silence and in black and white,Brief Encounter shares with indie American filmmakers such as Sofia Coppola (The Virgin Suicides, Lost in Translation) or Noah Baumbach (The Squid and the Whale,Margot at the Wedding), the same uncomfortable sensation in characters that feel their life is not going in the right direction, after the appearance of a door that gives them a taste of a different life style.

The story is narrated from Celia Johnson’s (Laura Jesson) point of view. A well married housewife, mother of two children. The same archetype performed by Meryl Streep in Clint Eastwood’s The Bridges of Madison County. They are characters retained and almost alienated by routine. We don’t know the story behind their actual situation, but conformity and the lack of expectations can be seen in the surface through the excitement and the tender shame they experience when they have to face new sensations.

Once a week, Celia has to take the train at the same hour to town, that is her only escape, the only way she can leave the house and get a bit of artificial tension. After shopping she goes to the movies. Even when it is not exploited in the film, the idea of the lonely women sitting in front of the screen, let us realize that she has a range of emotions she saves just for her.

In one of her trips, she meets Dr. Alec Harvey (Trevor Howard) at the train station café. That will be the first encounter of a week to week secret. The couple shares long conversations walking at night while the train passes behind them in the opposite direction, leaving only the smoke. The train is their relation. It’s their opportunity to change their life forever, to encourage their selves to take the opposite direction.

Then comes guilt and the crucial moment, the final decision. Will they stay together or they will continue with their lives and families? The film got the Palm d’ Or at Cannes Film Festival in 1946. 54 years later, Chinese director Wong Kar Wai (2046) was nominated for the same price with his movie In the mood for love.

The film tells the story of two marriages, in the first one, the wife has to travel frequently, in the second one is the husband. So the equation leaves us at home a lonely husband Chow Mo-wan (Tony Leung) and a lonely wife Su-Li-zhen (Maggie Cheung).

Together they discover that their respective traveler spouses have an extramarital relationship between each other. In a sick game, they try to recreate how their husband and wife met each other, without noticing they are starting to live their own romance.

The encounters open for them the door of company and conversation, always with the tense limit between friendship and love. Frequent scenes of them eating together, are the portrait of a couple that enjoys listening to each other. In a first stand the relationship runs out of passion and lives in a deep level of ideas. Behind that armor appears creativity as a key factor. He is a writer and she starts helping him with a novel, they start dreaming together, the mutual interior access to the inner worlds of each other generates a unique bond of intimacy. Just like Dr. Harvey and Celia going together to the cinema in Brief Encounter, the feelings that remained relegated, find in their companion a space to manifest naturally.

Also at Cannes, filmmaker Sofia Coppola thanked Wong Kari Wai for the inspiration she got from In the Mood For Love (2000) to write and direct Lost in Translation(2003). The meeting of a young American just married woman with an actor that is filming a commercial in Japan, who is taking advantage of the crumbs of his previews success, shares the idea of a door that opens to the life they already have and also the opportunity of finally finding a soul mate.

In the three stories, love is exposed as a recovery of innocence. The excitement of starting again in mature characters, make them leave sex in a second level.The script of In the Mood for Love had several sex scenes, but finally Wong Kar Wai decided to tell a story that was beyond bodies, it was about the final sense of life, the real taste of happiness gained with soul compatibility.

But that also has a risk. How real is that love? If characters remain together they can start a new routine. If they continue with their lives as they are, they will charge forever the secret of the love they shared with each other and they will always have the eternal fantasy of an alternative life.

In the mood for love turns the “secret” concept into a spiritual metaphor. The story says that you can confess anything to a tree to free your soul, which inspired the final sequence of Lost in Translation, we don’t know what the characters conversation is about, but it is the only moment they experience their relationship with total freedom. In David Lean the secret is related with self forgive.

What is silence in Wong Kar Wai and Sofia Coppola is conversation in David Lean. What is hope in David Lean is peace in Wong Kar Wai and humor in Sofia Coppola. What is sadness in David Lean is resignation in Wong Kar Wai and tenderness in Sofía Coppola. The train passes and the secret will remain forever in the tree.

Categories
Web articles/Artículos en la web

El remezclar de la fuerza

Publicado originalmente en Medium.

No soy un fan acérrimo de Star Wars, pero me gustan. Valoro sobre todo que la saga la creó un tipo fanático de las carreras de autos y la velocidad, medio nerd, pero que soñaba con ser un James Dean, que hacía cortos raros y experimentales en su universidad y que en vez de carretear, los sábados por la noche se quedaba escribiendo en un cuaderno historias de personajes con nombres medio camp (Luke se llamaba Starkiller), que ocurrían en planetas inexistentes. En síntesis: un autor.

Me gusta que en las tres primeras se notan todavía las palabras escritas a mano en un cuaderno. Una nueva esperanza era una película por la que el estudio y sus colegas directores no daban un peso (excepto Spielberg que le hizo una apuesta por la que aún hoy recibe millones), ni siquiera George Lucas, lo que le entregó mucha libertad. Ahora la damos por hecho, pero en el cine de los 70 donde imperaba el realismo y la historia urbana, era una rareza.

Algo inexplicable que estaba en el límite entre la superproducción y el cine B, una línea que a Lucas le ha costado calibrar en su carrera, sobre todo como productor, muchas veces cayendo en el mal gusto y un humor sonso (La segunda parte de American Graffiti, el especial de navidad de Star Wars,Howard the Duck, la inclusión de Jar Jar Binks en el Episodio 1, etc…).

Eso a la vez implica un riesgo. Exponerse, jugársela por algo que puede ser tanto odiado como amado y con la primera trilogía de Star Wars le resultó, lo amaron. Ese es el juego, eso es ser un autor, enfrentarse desnudo y que te tiren tomates o que enganchen, pero en ningún caso dejar de explorar y de exponerse con honestidad.

Con la segunda trilogía le tocaron los tomates, pero no se puede negar que era una obra cargada por sus obsesiones e influencias. De él. Fue esa ausencia de temor ante el riesgo y lo inexplorado, lo que terminó impulsando la industria de los efectos especiales, a través de su empresa Industrial Light & Magic.

En cambio ahora nos enfrentamos a una película concebida para ser amada y el problema con eso es que no se atreve a correr riesgos, por lo tanto hay guiños, pero no coqueteo. Se siente tan familiar, que a ratos es como si la hubiésemos visto, aunque lo que presenta en pantalla es pragmáticamente nuevo, las estructuras y elementos sustanciales son los mismos. Es un espacio cómodo, pero que carece de sorpresa.

La diferencia está en la cadena de influencias detrás de la obra. El despertar de la fuerza es como un cover o un remix de las ediciones anteriores, hay una sola gran fuente de origen de la que se nutre y actualiza y reordena los elementos, pero al final estamos bailando la misma canción, con ciertos aspectos formales que dan cuenta de la mano del DJ, en este caso J.J. Abrams, que hace como nunca que las luces de colores se reflejen en los cascos de los stormtroopers y los sables en los rostros de los combatientes. Ok, sí, pinchó el disco con pericia, concretando una experiencia estética placentera y efectiva en sus ritmos narrativos, que se deja ver con fluidez, pero no compuso algo nuevo.

La primera Star Wars mezclaba el cine de Kurosawa, el teatro Kabuki, el cine clásico de aventuras rotativas como Flash Gordon, la pasión por la velocidad y estructuras mitológicas amparadas bajo la conceptualización de Joseph Campbell, entre otros elementos, que dan cuenta de un camino de formación personal, tan personal que hasta la, entonces, esposa del director se hace cargo del corte, porque nadie lo conocía mejor que ella.

Tampoco es necesario volver a inventar la rueda, pero cuando el objetivo es conquistar consumidores en lugar de corazones, incentivar a que los niños compren juguetes en lugar de que se entusiasmen a salir a explorar y vivir sus propias aventuras, es difícil sorprender, impactar y enamorar.

La cinta entretiene y a ratos encanta, pero no se sostiene sin sus predecesoras. Se habría agradecido algo de riesgo, cierto nervio que implique no concederlo todo, para que sea un universo que funcione bajo sus propias reglas narrativas y no las que podría esperar el público.

Es valorable una protagonista femenina y un elenco que como el original apuesta por la normalidad en los actores, no hay físicos privilegiados y los grandes nombres son de antaño, el resto está empezando a construir sus carreras, lo que es una estrategia brillante que creó el mismo Lucas, en las primeras cintas, para mantener la verosimilitud dentro de un mundo de naves y extraterrestres.

El despertar de la fuerza más que una película, es una experiencia popular con todos sus añadidos de merchandising. Es como quién baila una de sus canciones favoritas en una fiesta con sus amigos, sorprendiendo en algo a los más jóvenes, pero a la vez, dejando en claro que eso que ya fue, no les pertenecerá nunca como le perteneció a ellos.

No hay un verdadero despertar. La fuerza siempre estuvo ahí en la primera trilogía. Esta película la remece un poco, pero es ante todo una invitación para retornar y, en el caso de los nuevos espectadores, redescubrir el origen.

Categories
Photography/Fotografía Uncategorized Web articles/Artículos en la web

Fotoreportaje 100 en 1 día

Fotoreportaje con la versión 2015 de la iniciativa 100 en 1 día en Santiago, que despliega instalaciones artísticas en el espacio urbano publicado en Plataforma Urbana.

Acá todas las fotos:

Categories
Web articles/Artículos en la web

Gabriel García Márquez (1927-2014)

ggm

Aunque el García Márquez que seguramente va a ser más recordado será el de las guayaberas y ficciones con mujeres levitantes, viejos alados, niños con cola de chancho, los Buendía y ancianos con el vigor sexual de un adolescente, el que se queda conmigo es el GM pre boom, un tipo flaco, de terno y corbata, pero ya con el bigote característico.
Hace años, cercano a egresar como periodista me compré en una librería en dos tomos gruesos de fino empaste “Textos costeños” y “Entre cachacos”, cada uno cubierto con una solapa de papel, uno amarillo y el otro verde pálido.
En esos textos descubrí a un GM que me resultó infinitamente más cercano que el de sus novelas y cuentos. Sobre todo en “Textos costeños”, el primer volumen, me encontré con muchos artículos breves de un periodista joven, que recibía el pago por texto publicado, y que con ese dinero podía financiar una buena comida, cigarros y algo para beber.
Lo que me fascinó fue que en los artículos había un diario de vida encubierto, en su descripción de los pasajeros de un viaje en tren, lo vi sentado en una esquina tomando apuntes mentales, en su elogio al acordeón leí el pulso entusiasta de un melómano a lo “Casi Famosos” y en su texto sobre Charlie Chaplin vi a un cinéfilo sentado solo frente a una pantalla dejándose fascinar por las imágenes.
La sensación era parecida a la de conversar con un amigo. Podía imaginar su voz frente a una cerveza, contándome sobre las entrevistas que le estaba haciendo al naufrago que nadie más quería entrevistar y la serie de artículos que saldría publicado sin su nombre en las próximas ediciones del diario. Ese, el periodista y también el fan, es el GM que me impactó, el que se quedará conmigo y que me acompañó mucho en un momento puntual de mi vida. ¿Cuál es el tuyo? ¿Qué texto te marcó?

Categories
Unsung Films Web articles/Artículos en la web

Pablo Larraín’s No: Pieces of History

Published at Unsung Films on Feb. 19/2013.

Categories
Books/Libros Km Cero Magazine and newspaper articles/Artículos en revistas y diarios Projects/Proyectos Web articles/Artículos en la web

Km Cero Tablet Edition

As Editor in Chief of Km Cero I developed three numbers of a magazine thought for Tablets and iPad that was distributed by Samsung.  It is the first Chilean magazine for young readers made for this platform. /

Como Editor General de Km Cero desarrollé tres números de una revista pensada para Tablets y el iPad que fue distribuida por Samsung. Es la primera revista chilena para jovenes en esta plataforma.

First we made a special a edition. Book that shows in detail the development of the student movement in 2011/ Primero hicimos un número especial. Un libro que muestra en detalle el desarrollo del movimiento estudiantil de 2011.
This is the cover of number one/ Esta es la portada del número 1.
The second number is a special edition about Chilean competitors at London Olympics 2012/ El segundo número es una edición especial sobre los competidores chilenos en las Olimpiadas de Londres 2012.

The numbers can be downloaded from Samsung Apps/ Las ediciones se pueden descargar desde Samsung Apps.