Saldando una deuda con la Mistral, puro rock

Publicado en Medium el 29/03/2017

Foto: Enrique Núñez Mussa.

Apuntes sobre Pasión de enseñar, desde la perspectiva de un profesor universitario.

Nunca tuve mucha onda con la Mistral en la época escolar, cuando a uno se la enseñan. No fueron los mejores textos para entrar y la totemización de su figura no ayudó.
En la universidad empezó la curiosidad sobre todo por escuchar la exaltación contagiosa del profesor Roberto Hozven en su cátedra de ensayo hispanoamericano en la UC, fueron las primeras aproximaciones a una faceta de la Mistral que me comenzó a interesar mucho más que la de poetisa, la de intelectual, una gran pensadora del continente, de la chilenidad, de una sensibilidad global, pero enraizada a la vez en lo local. “Un monstruo intelectual”, me acuerdo que dijo Hozven en una clase…“un monstruo, un monstruo”.
Supongo que me faltaba encontrar el tema común para comenzar una conversación, mi motivo AB con la escritora más importante del país, tras escuchar una entrevista hace poco a Cristián Warnken en la tele, apareció. Anunciaba este libro de la foto que contiene el pensamiento pedagógico de Lucila Godoy, bajo el título “Pasión de enseñar”.
Ayer fui al lanzamiento, lo adquirí y el dialogo partió.

El libro se lee/navega como el conjunto de posteos de un blog, y ofrece variadas puertas de entrada a su mezcla de ensayo, tratado de principios, libro de consejos y manual para quiénes tenemos el honor, responsabilidad y desafío de pararnos en una sala de clases a instruir a otros.

Lo he conversado con colegas y amigos, y estoy cada vez más convencido que desempeñar la docencia es una vocación que te elige y no al revés, y es uno de los trabajos más punk que pueden existir. Qué más revolucionario y transformador del mundo que compartir conocimientos con otros. Es una pega además donde uno ve la acción directa de su trabajo en el desarrollo de los estudiantes. En cada clase, cambiamos el mundo y tratamos de hacerlo para mejor.

Ese traspaso de información tiene algo de sagrado, sacerdotal decía la Mistral, porque en cada sesión nos paramos sobre los hombros de gigantes, de cada uno de los grandes maestros que hicieron que el conocimiento viviera y adquiriera sentido en las vidas de otros.

Pienso en la pintura de la escuela de Atenas de Rafael como el modelo, ese espacio privilegiado donde las ideas y el conocimiento se mueven de una pared a otra, porque la enseñanza es diálogo, los contenidos se vuelven dinámicos en cuanto son conversación, se ponen en cuestión, y uno como profesor, también hackea el intercambio, porque enseñando es una de las maneras en las que más se aprende.

El libro hace un llamado a una educación que no transmita conocimientos muertos, a hacerlos vivos para los estudiantes, a convertir al profesor en un narrador que traspasa la materia a través de historias y también a convertirse en un ser ético, y eso es también transformador, ser profesor te obliga a ser mejor persona, a olvidar sesgos, a buscar la mejor respuesta posible y a ser coherente con esos discursos.

No hay que dejarse engañar por las ilustraciones de Roser Bru, es un libro roquero y algunos de sus posteos podrían repartirse fácilmente fotocopiados en conciertos: “Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela ¿dónde podrán exigirse estas cosas?”. Puro rock and roll.

Un libro vigente y necesario. Hay que mejorar la situación laboral y salarial de los profesores escolares, que son los verdaderos agentes de cambio de este país y la profesión más importante de todas, porque en ella está la semilla del desarrollo de todas las demás. Desde la vereda de alguien que sólo enfrenta un aula universitaria, mi más honda admiración a los profes de colegio que son los que más se la juegan y a quiénes es más fundamental respaldar con las palabras de una mujer que curiosamente hoy es el arquetipo del profesor ideal, pero que toda su carrera debió enfrentar la discriminación de no haber tenido una instrucción formal en la Escuela Normal. Quizás por lo mismo, fue capaz de tomar distancia, de innovar y de ver oportunidades creativas donde otros veían rutina.

Ahora nos invita a tomar distancia nuevamente y a pensar juntos la educación de Chile y sobre todo, a encontrar la pasión en la enseñanza, a enamorarnos de la instrucción con la misma pasión que se vive la paternidad/maternidad. Que como país, tratemos nuestra educación con el amor que se merece.

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