El inapelable final

Columna publicada el 1 de diciembre de 2009 en Km Cero.

La sensación de vacío que aparece cuando se termina un semestre dura poco y se esconde como una sombra mal agradecida frente a las próximas vacaciones.

Terminar. Esa palabra se convierte en una obsesión al final de cada semestre. Se supone que el más suertudo es el primero que termina con todos los ramos, el que queda libre. Y sí, algo de suerte tiene, pero al mismo tiempo es el primero que se pierde un pedazo de existencia.
Es el primero que se aprende la programación de la tele, que descubre todos los secretos de Twitter y Facebook y el primero que empieza con los mails a los compañeros exigiendo una junta, mientras los otros no existen pensando en sus exámenes.
Las cosas cambian de un semestre a otro y a veces ocurre que ese mismo ser es el último en terminar, el que llega a una universidad vacía a encerrarse con un montón de fotocopias; el que debe ir a dar un examen a una sala repleta de caras con ansias de vacaciones, algunas algo tostadas y cientos de sandalias, que le roban un rato al verano; y por último, la más triste de las situaciones: es el personaje que no duerme en toda una noche y llega a un edificio silencioso sólo para entregarle un trabajo a la secretaria del profesor y luego volver a su casa con una libertad que no es posible asimilar hasta que han pasado las necesarias horas de sueño.
Tanto para los que terminan temprano, como para los que terminan tarde, llegará el momento en el que tomarán la micro final o harán el último viaje en Metro hacia la libertad. En ambos casos aparece una pequeña amargura, que apenas se percibe por la felicidad de las vacaciones.
En el primero, viene por estar dejando un mundo que sigue funcionando a su espalda, a amigos que seguirán viéndose por al menos un par de semanas, conversaciones en las que no podrá participar, a esa chica con la que no podrá seguir coqueteando si no es por internet y el arrepentimiento de no haber apurado las cosas como para invitarla a salir.
En el segundo, se ha generado una intimidad entre la persona y el espacio. La universidad vacía adquiere un aire distinto, enrarecido, único. Como si sin estudiantes hubiera perdido el alma y nadie más que ese alumno fuera el responsable de darle respiración artificial. De entregarle sentido a los baños abiertos, las ampolletas encendidas o a las mesas de la biblioteca.
La sensación de vacío no dura más que un par de días en los casos más extremos y luego se olvida. Empieza el verano, los amigos y la diversión en su estado más puro. En un momento llega un día en que la palabra terminar renace con más fuerza. El día más deseado de toda la carrera, el verdadero, definitivo, último e inapelable final. Como es de esperar, también debe aparecer esa sensación de vacío, pero me imagino que esta vez se queda para siempre y que con los años se convierte en nostalgia.

Secuencia de Créditos 2008

Se acaba el año, otra película que se acumula en la repisa y revisamos los créditos finales. Desde esta trinchera hago mi recapitulación con lo más destacado que nos entregó la pantalla el 2008.

La Película: Petróleo Sangriento
 

P.T. Anderson apostó por una historia en la que el poder revela las miserias de un hombre. Un personaje que mientras crece en lo económico se va autoconsumiendo de rabia, interpretado por un Daniel Day Lewis que nos entregó la mejor actuación del año. Por su parte P.T. Anderson se luce como director de actores y genera escenas indelebles en la memoria, en especial cuando hace interactuar a Day Lewis con Paul Dano, responsable de un personaje cuya complejidad está en que debe afirmarse a sí mismo constantemente. Un predicador que para justificar su existencia esconde sus debilidades a través del discurso. El antepasado del Frank T.J. Mackey de Magnolia.
Esos caracteres, sumados a una resquebrajada historia familiar, la degradación asociada al transcurrir del tiempo y planos generales acompañados de música minimalista que representan una grandeza vacía y seca, permiten lecturas desde múltiples flancos, que hacen de Petróleo Sangriento una película de repetición obligada que se acomoda en la repisa al lado de clásicos como
Gigante de George Stevens.

El Director: Los Coen (Ethan & Joel)  

Si Sin Lugar para los Débiles funciona es por el tino de estos hermanos. Los tipos saben exactamente qué desean provocar con cada toma y nos suben a una montaña rusa con pequeños clímax que nos mantienen en un juego constante de tensión.
Lo más notable de la propuesta es lo poco engrupida que es la película. Todo ocurre en un mundo doméstico, real, donde la muerte convive con el humor. Hay escepticismo, los personajes están motivados por el beneficio personal y el final deja la sensación de que todo es un gran caos. Los Coen son maestros en el efecto bola de nieve y acá se lucen a destajo.

 


El Guión: Juno

Tengo ideas encontradas respecto a esta película, por un lado es una cinta oportunista y posera que se apropia de la estética indie para ocupar el espacio que dejó Little Miss Sunshine el 2007, pero cuyos circuitos de distribución y parafernalia publicitaria son las de un blockbuster. Sin embargo, tiene un guión con diálogos ingeniosos y por momentos inspirados, los personajes se vuelven entrañables y todo lo que tiene de sobrecarga y majadería en lo visual, contrasta con la honestidad con que están representadas las emociones y el espíritu adolescente. Aún cuando la historia se cae por momentos en un afán panfletario, que no es necesariamente malo, pero que resulta poco elegante en la forma que está planteado, al final lo que queda son esos momentos de pura humanidad que nos recuerdan nuestros días en el colegio y nos hacen enamorarnos de Juno MacGuff.

El Fenómeno: Batman The Dark Knight 

Hice una fila de tres pisos para ver esta cuestión y sí, está bien la película, me gustó, pero eso, nada más. Creo que la cinta le debió mucho a la bulla mediática que se produjo por
el fallecimiento de
Heath Ledger. Sin desmerecer su actuación que realmente es muy buena, me sorprendió que cuando apareció su nombre en los créditos la gente en el cine aplaudió.
La película al estilo de los westerns es sobre un bueno aproblemado y un malo, asquerosamente malo. También al estilo de los westerns por momentos la película se hace larga en sus escenas de acción y confusa en un montaje excesivo.
En fin, entiendo el entusiasmo de los fanáticos de la saga y reconozco la lograda ambientación y la excelente relectura del
Guasón, el verdadero protagonista de la película, que de todas maneras se merece el Oscar.

La Chilena: La Buena Vida


En primer lugar valoro la valentía de escapar de la estructura típica de guión para arriesgarse con una historia coral anticlimática, en el sentido de no hacer converger a todos los personajes en un gran momento. Funciona. La película pasa volando y el relato resulta creíble y entretenido.
No dejo de tener mis reparos con la dicotomía que establece
Andrés Wood entre cuicos y pobres, que ya planteó en Machuca. Los primeros son reprimidos, turbios y llenos de trancas, mientras los segundos son generosos, honestos y buenos. Por momentos eso le hace zancadillas a la historia, caricaturizando y deshumanizando a los personajes.
Pese a lo anterior, los personajes de
Wood son empáticos y están insertos en una narración en la que se ven enfrentados a sus carencias para evolucionar y terminar convertidos en mejores personas, lo que genera una sensación reconfortante en el espectador.
Escenas como la del peluquero tratando de reconstruir el cadáver de su padre son las que han hecho a
Wood un autor y un referente en Latinoamérica: la originalidad y la emoción en función de un buen cuento.


La de Monos: Wall – E


Hace algunos años decidí que las películas de monos eran para verlas en la tele si las pillaba por casualidad un domingo en la tarde en que no tuviera absolutamente nada más que hacer y en que el aburrimiento me estuviera consumiendo. Una decisión que reafirmé este año cuando sin opciones más tentadoras traté de ver en un avión esa tontera del Panda. Después de cinco minutos, me regaló un confortable sueño durante el vuelo.
En esa estaba, hasta que un día pillé en la tele
la del ratón que cocina y la encontré simplemente no-ta-ble, los tipos de Disney-Pixar habían logrado hacer un manifiesto del proceso creativo y la vocación con la simplicidad de lenguaje de los monos animados. Eso me impulsó a ver en dvd la del robot y confirmó mi apreciación. Disney mantiene esa cualidad de tratar temas grandes con dibujitos para toda la familia.
Con el mínimo de diálogos y explotando las posibilidades visuales de la animación actual, en sus primeros minutos la cinta hace uno de los retratos más conmovedoras sobre el comienzo de una relación que se ha visto hace un buen tiempo en el cine, digna heredera de las películas mudas de
Chaplin, para luego hacer una sátira (un poco gruesa, pero efectiva) sobre la alienación a la que nos conduce la comodidad y la dependencia tecnológica (paradójico en una película que le debe sus existencia a los computadores). Una obra maestra.

La que no se estrenó: Rocket Science
Una película chica que no llegó a los cines, que no encontré en los videoclubs y que finalmente vi en el cable. Es una producción de HBO con moral indie, sobre un adolescente tartamudo que tras la invitación de una chica se inscribe en el club de debate de su colegio para caer en un espiral de humillación y manipulación.
En una línea similar a la de
Thumbsucker, la cinta funciona como una historia de aprendizaje y maduración. Pero a diferencia de la mayoría de las cintas sobre adolescentes en las que hasta los adultos actúan como púberes, acá las cosas son más reales. Cuando el protagonista se manda cagadas, son cagadas y no actos de heroísmo ni mitificación. Lo anterior se debe a que la película aún cuando está centrada en el cabro chico, está narrada con la altura de miras de lo que vendrá después, del futuro, del mundo post colegio, de avanzar y no quedarse pegado, lo que queda sellado en una escena final entre el protagonista y su padre con uno de los mejores diálogos que he visto
este año en una película.

La Escafandra y la Mariposa.

Desde el otro lado

Tu vida está en su punto más alto. Eres el editor de la exitosa revista Elle, tienes buena pinta, te va increíble con las mujeres y puedes darte el gusto de hacer lo que quieras. Pero un día todo se desploma, quedas paralítico, pierdes la capacidad de hablar y tu ojo izquierdo es el único canal que tienes para comunicarte con el mundo.
Esa es la historia de Jean-Dominique Bauby, cuya experiencia inspiró el guión de esta cinta de ficción relatada en primera persona desde su perspectiva, con ironía y sin caer en trucos sentimentaloides. Lo anterior establece un tono de conmovedora sinceridad que paradójicamente termina reforzando el mensaje esperanzador que propone el filme.
En su película anterior, Antes que Anochezca, el director Julian Schnabel a través de la voz del escritor cubano Reinaldo Arenas, ya nos había mostrado su capacidad de crear pequeños momentos de luz en medio de la más terrible oscuridad: la que se produce cuando vivir se convierte en sinónimo de cautiverio. En esa línea, escenas como la de Bauby celebrando el día del padre con sus hijos en la playa, dan sentido al titulo de la película, porque nos revelan la posibilidad de ver una mariposa desde el vidrio empañado de una escafandra.

Más Lumet, afiches polacos y 12 Hombres sin Piedad

En la tele me encontré con un programa especial con rankings del American Film Institute que destacaba las 10 mejores películas de cada género. Entre esos estaba la selección de las 10 mejores cintas que ocurren en una corte de justicia, el listado lo pueden revisar en este link.
En un merecido primer lugar está Matar a un Ruiseñor, película que inmortalizó a Gregory Peck como el ejemplar abogado y padre de familia, Atticus Finch, basada en la conmovedora (y única) novela de Harper Lee. Aunque corresponde mencionar el primer lugar, espero en otra oportunidad escribir en extenso sobre esta tremenda película.
Por el momento, quiero destacar que Sidney Lumet estuvo presente dos veces en la selección del AFI, en el cuarto lugar con The Verdict (cuyo comentario pueden revisar en el posteo de más abajo) y en el segundo lugar con una peliculaza, 12 Hombres sin Piedad o 12 Hombres Furiosos, como reza su titulo original. Se trata de la opera prima de Lumet y es una joya por su guión y actuación.
Para la colaboración de la Rolling había alcanzado a escribir un microcomentario sobre esta película que finalmente quedó fuera por espacio, pero ahora lo comparto con Uds.
Dato: La imagen de la derecha, es el afiche polaco de la cinta. Últimamente me he topado con varios artículos que destacan el trabajo artístico de los afiches cinematográficos en Polonia, no hay duda de que son verdaderas obras de arte, los tipos hacen sus propias interpretaciones sobre el contenido de las películas para promocionarlas. ¿Qué mejor? Para ver más afiches directamente desde Polonia, aquí y acá.
 
12 Hombres sin Piedad:
 
La primera película dirigida por Sidney Lumet es una clase magistral de creatividad e ingenio para contar una buena historia. El filme da a conocer un juicio por parricidio, centrándose en la discusión que tienen durante horas encerrados en una sala los 12 hombres que forman parte del jurado, para determinar si el acusado es culpable o inocente. Películas como esta, son la clave para comprender que el buen cine no es el que cuenta con altos recursos de producción, sino que el poseedor de grandes ideas.

Momentos en Salzburgo


Esta columna publicada en la web de la Facultad de Comunicaciones de la UC, relata brevemente mi experiencia en el Salzburg Global Seminar 2008.

Momentos:

 

Son los pequeños fragmentos que quedan en la memoria, los que hacen que un viaje perdure y el Salzburg Global Seminar estuvo plagado de esos “momentos”.

Podría escribir sobre la importancia de la Media Literacyo alfabetización mediática. Podría escribir sobre lo grande que nos hace compartir opiniones con personas de otras culturas. Podría escribir sobre cómo los medios de comunicación son fundamentales en la construcción de la sociedad. Pero prefiero hablar de momentos. Sí, momentos. Pequeños espacios de tiempo que hicieron única mi experiencia en el Salzburg Global Seminar. Finalmente esas Polaroids mentales que se repiten una y otra vez en la memoria como una función personal de diapositivas, hacen que un viaje valga la pena.

Parto con las nubes de Munich, el avión pasa a través de ellas y son las nubes más lindas que he visto en mi vida, descubro figuras, las atravieso, es como flotar, ahora entiendo eso de “estar en las nubes”. Estaba llegando a Alemania, un bus nos llevaría a Austria, específicamente a Salzburgo, el viaje recién comenzaba y ya me daba por satisfecho con las nubes.

Esas nubes me estarían esperando nuevamente cuando emprendiera el regreso. Pero entonces, ya serían un recuerdo más. Estarían acampando en mi memoria reciente al lado de otras imágenes. Junto a la Schloss Leopoldskron, también conocida como “La Casa de La Novicia Rebelde”, por algunas escenas de la película que se filmaron en el lugar.

 

 

 


Espacio donde los alumnos del seminario compartíamos nuestras comidas y donde tras una ardua lucha con la lavadora, mientras esperaba mi ropa, terminé en una noche de tormenta a la una de la madrugada frente a un computador en la biblioteca vacía, bajo la atenta mirada de los querubines que colgando de las paredes me permitieron jugar a que era el dueño del lugar.

 

 


Hablando de adueñarse, aunque desde una perspectiva económica sea una palabra con una connotación negativa, creo que es bastante clarificadora al hablar de esta experiencia. Porque en las tres semanas que duró el seminario, los estudiantes nos adueñamos de la Schloss y de la ciudad. Salzburgo empezó a sonar con acentos y a oler a mundo. Y en ese adueñarse del espacio se produjo con el tiempo un adueñarse de sí mismo, que los siúticos llamarían el “viaje interior”.

Ahí surge otro de mis momentos, último fin de semana, salgo a recorrer la ciudad con un mapa que no miro, busco perderme, con la seguridad de que Salzburgo es un lugar en el que al final uno nunca se pierde del todo. Además, hasta perderse es atractivo en una ciudad desconocida. Camino, camino y camino, subo a un cerro y me encuentro con la ciudad completa bajo mi nariz.

 


Me siento en una banca y recapitulo, escaneo cada día, cada “momento”. Y me doy por satisfecho, es entonces cuando uno se da cuenta de que al partir a un viaje como este sólo hay preguntas y de lo increíble que resulta cómo van surgiendo las respuestas en todo lo que miras, escuchas, conversas, sientes, hueles, palpas, en lo que te llena y en lo que te deja sensaciones de vacío.

Antes que cualquier terapia alternativa, salir de tu contexto diario te limpia y te carga las pilas. Incluso las situaciones más frustrantes se convierten en buenas experiencias: debates que te dejan con la bala pasada, conversaciones que se pierden en la traducción, lugares turísticos que de tan turísticos se vuelven impersonales.

Un ejemplo, quizás el más caricaturesco de cómo el juicio de la memoria a veces es más justo que el razonamiento inmediato. Me habían recomendado que no fuera al Museo de Salzburgo, no hice caso, aunque tenían razón, es uno de los peores museos en los que he estado en mi vida. Extremadamente localista, con una sala en honor a la familia más millonaria de la ciudad y un recorrido eterno con vidas de personajes que sólo son conocidos por los habitantes de Salzburgo.

Sin embargo, al llegar a Chile noté que nunca había tenido tanto que contar sobre un museo. Finalmente quienes nos preparamos para ser periodistas buscamos eso: relatos, historias para contar. En ese museo conocí la sala dedicada a Hans Florey, un artista genial o sólo chiflado que descompone matemáticamente las melodías de Bach, para convertir sus resultados numéricos en formas geométricas que al ser coloreadas presenta como obras de arte. Por historias como la de Florey, vale la pena soportar un museo de pesadilla. Por historias como esa vale la pena hacer un viaje tan gratificante como este.


Lo que más aprendí después de esto fue que en el periodismo donde estamos obligados a siempre tener algo que decir, resulta un ejercicio increíble dejarse permear por las historias y personajes, escuchar, mirar y aprender.

La semana de mi regreso tuve una clase, en una extraña coincidencia, un profesor que explicaba la mentalidad detrás de la cultura griega contó la historia de dos hombres, uno le pregunta al otro: “¿Por qué vives?”. El segundo contesta: “Por curiosidad, deseo conocer”. Esa historia me dejó helado, porque el Salzburg Global Seminar con todos sus momentos, me regaló la capacidad de volver a sorprenderme como un niño frente al mundo y sus estímulos. Si eso es ser periodista, espero serlo toda la vida.

Comentario Cine: “American Gangster”.

American Gangster es una historia que se sostiene en sus personajes, con protagónicos muy bien logrados por dos pesos pesados de la actuación. Denzel Washington y Russel Crowe están tan convincentes que por momentos da la impresión de estar viendo un documental.
Hoy en día no es muy común creerse una película, pensar por un rato que todo lo que ves en la pantalla de verdad está pasando, olvidarse de que esos tipos son actores, de que hay un equipo detrás, etc. Por lo tanto, cuando ocurre el extraño milagro de que una cinta te mete en un universo hasta que casi logras sentir el olor de la escena, le agradeces por devolverte la fe en el cine.
Por un par de horas estuve en el Nueva York de los ‘70, conocí a la mafia afro americana del narcotráfico, respete y temí a su capo Frank Lucas (Washington) y también simpaticé con el Detective Richie Roberts (Crowe), que  nos vende la pomada de un héroe jodidamente humano y aproblemado, lo que lo hace más heroico todavía.
La película le debe mucho de su realismo al artículo sobre Frank Lucas que escribió el periodista Mark Jacobson, para The New York Magazine. El reportaje en el que se basó el guión y que puedes leer aquí, nos muestra con detalles la vida de un hombre al que no le quedó otra que ser el más choro de su calle para sobrevivir. Un personaje que pudo ser una caricatura vergonzosa en manos de otro actor que no fuese Washington, quién en vez de perderse en muletillas para demostrarnos que estamos frente a un mafioso, nos tira de lleno a un ser humano.
Ridley Scott vuelve sólido al mundo de la mafia, mostrando una contundente evolución frente a lo que había mostrado en 1989 con Black Rain, y junto a Denzel Washington, le regalan a Frank Lucas su espacio en un paseo de la fama agujereado por metralletas junto a Don Corleone, Tony Montana y otros tantos ilustres de la mafia que nos ha dado la pantalla.

Comentario Cine: “Exterminio 2”.

Versión escrita del comentario a Exterminio 2 ó 28 Weeks Later, realizado en Los Tenores de Radio UC el 29/08/07:

Lo único que explica la existencia de esta película es que Danny Boyle se quedó sin plata y en un despliegue creativo inventó una secuela en la que para no quedar mal, sólo figura como productor ejecutivo, dejando como chivo expiatorio a un director relativamente desconocido: Juán Carlos Fresnadillo. En una parada a lo Steven Spielberg y esas originales secuelas de Jurassic Park, aunque Spielberg no las hace por necesidad, sino que para enriquecerse más.
Aclaro que la primera Exterminio me gustó harto y que su final abierto se presta para una segunda parte, siempre que se mantengan los personajes, algo que no ocurre en esta secuela, quedando como lazo entre ambas historias el virus de la Ira desatado en la primera película.
Acá conocemos la evolución de la infección 28 semanas después de que se propagó y en un patético enchulamiento al argumento de la cinta anterior, vemos cómo el error de un hombre puede ser fatal para la humanidad. Ese hombre lo interpreta Robert Carlyle, que da la impresión de que lo contrataron para subirle el pelo al asunto, pero que se les acabo el presupuesto y no les quedó otra que matarlo de repente. El resto de la película es una versión charcha de Los Niños del Hombre mezclada con Tom y Jerry.
Si Exterminio es considerada de culto, creo que se debe a que logró darle una vuelta de tuerca a las películas de zombies, adoptando sus códigos, pero privilegiando la historia. Independiente a que el mensaje de la cinta era como: los ecologistas valen callampa y el product placement la lleva… en fin.
Lamentablemente Exterminio II es un retroceso en el género. El argumento es tan débil que la película apenas tiene diálogos y se sostiene en la acción: Corren para un lado y aparece un humano infectado, corren para el otro y aparecen infectados nuevos y se llevan en esa harto rato. Lo que al final cansa a los actores que no paran ni a tomar agüita, pobres hombres, y también al público, porque se pierde cualquier tensión al no haber sorpresas.
La recomendación es a exterminar esta película de su panorama y a que se gasten las lucas en arrendar la precuela que está mucho mejor.

Un recado para Don Danny: Sr. si necesita dinero venda su casa, sus parientes, sus órganos, lo que quiera, pero por favor ni se le ocurra pensar en qué va a pasar 28 años después, de verdad que la humanidad no está lista para soportarlo.

Comentario Cine: “Fur”

Versión escrita del comentario de Fur que hice en Los Tenores de Radio UC, el 22/08/07.

La foto que acompaña al comentario se llama “Niño con granada de mano de juguete en Central Park” y fue sacada el año 1962 por Diane Arbus.
El director de La Secretaria, Steven Shainberg, se arriesga con una propuesta peligrosa, al dirigir una película sobre un personaje de la vida real, que no aspira a ser fiel a su biografía. La escogida es Diane Arbus, fotógrafa gringa que le pegó una cachetada en la cara al establishment fotográfico norteamericano, jugándosela por retratar lo que los otros fotógrafos omitían: personas con deformidades físicas, nudistas, mendigos, etc. En la búsqueda por los límites entre belleza y fealdad.
La apuesta de Shainberg no tiene mucho sentido. Dejar de lado la opción de contar de manera fidedigna la historia de una mujer que remeció a su época, cambiándola por una historia de amor imposiblemente-posible al estilo de las teleseries, no sólo es subestimar la vida de Arbus, sino que también habla de un prejuicio ridículo sobre lo que interesa a los espectadores.
Lo anterior no implica que no se puedan hacer películas sobre personajes que no sean biográficas, lo importante es que tengan argumentos que justifiquen la decisión, como lo hace Gus Van Sant en Last Days, donde sin contarnos la vida de Kurt Cobain accedemos a sus estados mentales a través de los espacios y atmósferas. Otro ejemplo es Capote que está más cercana a ser un making off de A Sangre Fría, que un perfil sobre la vida de Truman Capote. En cambio en Fur la meta no queda clara. ¿Nos quieren mostrar a un personaje, su trabajo, a la sociedad de una época? Da lo mismo, porque ninguna se cumple del todo y queda la impresión de que Arbus es sólo un pretexto para contar una rara historia de amor.
Como ocurre con Capote que nos provoca ganas de llegar corriendo a leer A Sangre Fría, lo mínimo que podíamos pedirle a Fur es que nos invite a conocer el trabajo de Diane Arbus, sin embargo sus fotos y el proceso detrás de ellas, es tomado de forma tan superficial que no alcanza a provocar curiosidad. Es tan poca la importancia que le dan a su trabajo, que tuvieron que poner un cartón al inicio de la cinta, en el cual se nos informa que nos van a hablar de una artista importante. Hubiera preferido mil veces que la película me mostrara y me convenciera de eso, y no un cartón piñufle que delata la desconfianza de los realizadores en la claridad de su mensaje.
Con respecto a la pinta de la película, me llamó la atención que no adoptara los códigos estéticos de las fotos de Arbus. Que sea en colores ya me chocó y que el afán por recalcar la rareza esté más cercano al carnaval que a la reflexión, me parece que no calza con el espíritu del trabajo de la fotógrafa.
Las fotos de Diane Arbus, son notables en la capacidad de mostrarnos nuestro terror a lo poco común y de invertir los roles, recalcando la humanidad de quienes no se ajustan a los cánones de apariencia considerados normales, frente a la monstruosidad de quienes no son capaces de aceptarlos. Tal como lo refleja la película Freaks de 1932, cinta que influenció muchísimo el trabajo de la fotógrafa y que es una clase de cómo debió ser Fur.
Sobre la elección de Nicole Kidman para el rol, tibiecita, hace la tarea, pero no se luce y definitivamente Diane Arbus es un personaje para lucirse. Ahora, lo que no puedo entender, por más que le doy vueltas es qué carajo hace ahí Robert Downey Jr. Considerando que no le vemos la cara en gran parte de la película, porque interpreta al hombre lobo que tiene un romance con Arbus, habría sido mucho más intrigante y efectivo que debajo de todo el pelo, se encontrara un actor desconocido.
Fur es una película decepcionante por donde se le mire. El tema, el personaje y el director prometían harto, pero al optar por lo fácil se cayeron. Espero que al menos la película logre que Arbus se ponga de moda, para que otros directores nos entreguen nuevas visiones, ojala más meritorias de la fotógrafa. Por ahora es mejor quedarse con sus fotos.

Comentario Cine: “The Number 23”.

2 y 2 son 4, 4 y 2 son 6, 6 y 2 son 8 y 8 = 16 y todo mezclado demás que da 23, porque el 23 está en todas partes, dividido, sumado, restado, multiplicado, da lo mismo, donde mires hay un 23. Tu rut = 23, tu edad = 23, el tamaño de tus pies = 23, las ovejitas que cuentas antes de dormir (sí, se que lo haces, aunque digas que no) = 23, y así. TODO está regido por ese número y Jim Carrey lo descubrió y se volvió loco. De eso trata mmm… The Number 23.
Joel Schumacheenheihengerssss, hizo una película que se ve muy cool, con una fotografía chora y con una correctísima actuación de Jim Carrey en su faceta no hago morisquetas. Pero, lamentablemente la historia es un bodrio. No se profundiza en la obsesión del personaje con el número, por lo tanto los sucesos resultan gratuitos.
Además hay un juego de historias paralelas a través de una novela que lee el protagonista, que por falta de desarrollo se queda en lo ornamental. Igual que las Batman de Schumacher, esta película es pura pinta y poco cuento. Para eso mejor ves vídeo clips de reggaeton en la tele o en Internet, sin pagar una entrada.
Lo que da más lata, es que podrían haber armado una trama muy grosa con las coincidencias históricas relacionadas al número y convirtiendo al personaje de Carrey en un tipo que al recibir la revelación, se transforma en alguien importante para el destino de la humanidad. El potencial estaba, pero no lo supieron aprovechar y todo al final se centra en los rollos sicológicos del personaje, un personaje que se nos hace intrascendente, tan intrascendente como esta película.

Comentario Cine: “Ocean’s 13”.

Y seguimos con las terceras partes. ¿Han cachado que todas las últimas sagas exitosas del cine son refritos de algo? Shrek: Un cuento para cabros chicos. Los Piratas del Caribe: Un juego de parque de diversiones. Spiderman: Un cómic. Y La Gran Estafa: Un remake de película sesentera.
Ok, faltan ideas originales en el cine, pero igual es meritorio que un remake logre estirarse para dos películas más. Aunque en realidad, sean la misma película enchulada. Lo que no significa que sean malas, todo lo contrario, sólo que son más de lo mismo que ya nos gusta.
Ocean’s 13 es como mi Pobre Angelito. ¿Macaulay Culkin estafando gente? Pese a que es bastante posible, no me refiero a eso. Cuando vemos Mi Pobre Angelito, independiente a que sea la uno, la dos, la 3.527, etc. Las razones por las que el cabro chico se quedó solo y todas las mamonerías correspondientes, nos importan un huevo bailando ula ula, la cosa es ver como los ladrones son masacrados.
Con Ocean’s 13 pasa lo mismo, la historia no interesa mucho, el asunto es ver como Danny Ocean y compañía hacen la estafa. Lo que apoyado por la Cajita Feliz que Steven Soderbergh ha armado para esta trilogía: la precisa música incidental con espíritu vintage, movimientos de cámara rebuscados y el montaje MTV (pero justificado). Dan como resultado una película entretenida, con tensión y buenas tallas.
¿Qué más se puede pedir?… Una mina. Echamos de menos a la chica guapa de la película que le revolucione las hormonas a los estafadores y de yapa a nosotros (sí hay una, pero no tiene peso en la trama).Una cuestión es centrarse solamente en la estafa y otra es castrar a los protagonistas.
De todas formas el elenco es notable, juntar a Al Pacino y a Andy García, que no trabajaban juntos desde El Padrino, es un lujazo. Es lo que haría un fan del cine si tuviera la posibilidad de hacer una película a toda raja. Y eso es lo que más me gusta de La Gran Estafa como trilogía, que aun cuando Soderbergh asume que está haciendo pura entretención, realizó las películas que a él le divierten y le gustaría ver.
Insisto, es más de lo mismo, pero es tan jodidamente entretenido, que los fans la van a disfrutar y quienes se inician con esta tercera parte, es altamente probable que se enganchen para ver las anteriores.