Factchecking, el protagonista

Publicado en La Segunda el 28/09/2016

En una entrevista en CNN, Janet Brown, la jefa de la Comisión de Debates Presidenciales en EE.UU., opinó que los moderadores no debían concentrarse en hacer “factchecking”,  o revisión de los datos que los candidatos entregan al aire durante el encuentro. Dijo que podía distraer del objetivo, que los contendores debían chequearse entre ellos y que el moderador no debía actuar como la Enciclopedia Británica. El conflicto nace cuando los roles de moderador y periodista se fusionan sin límites claros. El moderador debe asegurar que se cumplan las reglas, mientras el periodista ha seguido la campaña y maneja información que puede fácilmente contrastar con lo que dice un candidato, además de tener oficio como entrevistador para hacer contrapreguntas oportunas. Los periodistas fueron incluidos en debates presidenciales televisados en 1960, en la campaña entre Richard Nixon y John F. Kennedy, porque los comandos querían evitar una confrontación directa entre los candidatos. Desde entonces, el periodista aporta una agenda a la instancia que no es la que intentan imponer los candidatos y que debiese estar en sintonía con la del votante. En el debate del lunes, el periodista Lester Holt, de NBC, encargado de moderar, definió su rol al comienzo de la jornada, expresando que sería un facilitador de la conversación y fue muy cauteloso en sus intervenciones para chequear información en vivo, dejando pasar errores. El candidato Donald Trump ha sido poco fiable durante toda la campaña y su reputación generaba expectativas de que se fiscalizara la veracidad de sus dichos. Eso explica que el chequeo de datos haya sido la respuesta del periodismo, en esta elección, para enfrentar la necesidad que tienen los votantes de confiar en los candidatos. El debate fue seguido por diversos portales que verificaron cada frase. Por ejemplo, el “factchecking” en vivo que hizo la NPR fue desarrollado por 20 periodistas y tuvo más de seis millones de visitas. Lo fundamental es que la verificación de información, ya sea en un medio periodístico o ejecutada por el moderador al aire, no se quede sólo en la obsesión por el dato o “facticity”, ni se vuelva un ejercicio de cifras. El objetivo es que acontezca lo que en inglés se llama “accountability” (el candidato debe responsabilizarse de sus palabras y acciones) y así el elector pueda discernir si amerita su voto.

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